Nuestra boda

El ala oeste es una serie magnífica por muchas razones, entre otras cosas por historias como ésta.

El presidente BartletToby Ziegler (Richard Schiff) es el director de Comunicaciones de la Casa Blanca. Es un tipo huraño y pesimista, un cincuentón judío, neoyorquino y divorciado de su mujer, a la que ha dejado embarazada de gemelos una vez separados (y con la que irónicamente era incapaz de procrear mientras estuvieron casados). Al conocer la noticia, recibe de inmediato la calurosa felicitación de sus compañeros, pero no se atreve a comunicárselo al presidente (Martin Sheen). Cuando al fin lo hace, el jefe le pregunta por qué le daba reparo contárselo. Toby le dice que es “por su religión” (el presidente es profundamente católico y él va a ser padre de los hijos de su ex mujer, concebidos fuera del matrimonio). El presidente, sorprendido, le contesta: “Mi religión es algo que sólo nos incumbe a mí y a mi familia, así que enhorabuena”.

Ni se me ha ido la cabeza ni me he equivocado de blog. He recordado esta historia gracias a la gélida reacción de algunas personas muy cercanas al saber que me caso por lo civil y no como Dios manda. Curiosamente, la sonrisa no se les ha helado en los labios a personas que sí son religiosas (al menos han tenido la decencia de no mostrarme su malestar, si es que lo tienen), sino a otras que pisan las iglesias tanto como yo (o tal vez menos, porque los templos forman parte de todo itinerario turístico que trazo cuando viajo) pero que aun así se permiten el lujo de cuestionar los enlaces civiles porque no son tan bonitos como los religiosos ni visten tan bien.

A lo mejor prefieren una boda multitudinaria, en una gran iglesia (si es una catedral, aún mejor), con niños llevando las arras, música de órgano/coro rociero/coro de gospel/tuna (escojan lo que prefieran), lluvia de arroz lanzado con saña, comitiva nupcial, un banquete en un paraje superexclusivo (fuera de la ciudad, a ser posible), con cientos de invitados, puros, venta de trozos de la corbata del novio y la liga de la novia, ¡que vivan los novios!, vals, Paquito el chocolatero, karaoke, conga, barra libre, reportaje de fotos en escenarios idílicos y reportaje de vídeo con música de Titanic.

Si es así, es mejor que no vengan, porque se sentirán profundamente decepcionados. Esta boda no será así, porque es nuestra y no es eso lo que queremos. No nos gusta el jaleo, ni las grandes fiestas. Nos casamos porque queremos hacerlo, y lo haremos como queremos hacerlo. Con una ceremonia civil y una celebración pequeña y sencilla a la que invitamos solamente a aquellos que queremos que nos acompañen ese día. Si a alguien le plantea un problema de conciencia asistir a una boda que no cumple con ese canon bodorrístico, mejor será que se quede en casa.

4 comentarios en “Nuestra boda

  1. Plas, plas, plas. Ante tanta verdad sólo puedo aplaudir.
    Celebras unas bodas tiene un punto de despropósito inevitable por la de cosas que tienes que hacer que lo complican todo pero se convierte en un total absurdo cuando la celebración se sale de madre y se transforma por las convenciones o como quieras llamarlo en algo que los novios no querían. Seguid así y planeadlo como vosotros queráis sin que nadie ni nada os obligue.

    Besitos del profeta de los coches de bomberos. Juas, juas, juas.

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  2. Aunque ahora que lo pienso, ¿de verdad que no queréis un buen vídeo con su buena música de Titanic a todo gas? Sería lo más!😛

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  3. Hombre, lo de Titanic a toda mecha tendría su cosa si lo hacemos en plan coña, pero con lo complicado que va a ser casarnos sin perder en el camino a unos cuantos familiares (lo que no tiene por qué ser necesariamente malo…), no sé yo si iba a estar muy bien visto el estilo Titanic-modo-destroyer. Anyway, tomo nota de la sugerencia, amigo profeta.

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  4. […] En todo este tiempo hemos tenido unas 5.000 visitas (el mejor día fue el pasado 30 de enero, con casi un centenar), y el post más popular es el que dediqué a las invitaciones nupciales (unas 300 visitas), seguido de Lo que llevan todas las novias (unas 200), Vivir juntos, morir solos (un centenar, sin duda la mayoría buscando algo sobre Perdidos; al final va a resultar cierto eso de que hay que saber escoger los títulos para que sean atractivos para los buscadores, aunque no fue ese el motivo por el que puse ese título); Facebook, un invento del demonio (aquí acaban todos los que buscan cosas malas sobre Facebook) y el texto con las fotos que mi hermano tomó del bodorrio, empatado con mi declaración de intenciones sobre cómo quería que fuese nuestra boda. […]

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