Envidioso

Se ve que al mierda de Lewis Hamilton (aquí podéis leer por qué es un mierda, aunque el origen de tan cariñoso apelativo está aquí) le dio envidia el trompazo que nos dimos el jueves con el coche y ayer, en los entrenamientos de Bahrein, pretendió emularnos, aunque con mucha menos gracia, en primer lugar porque se la pega él solito, sin que nadie tropiece con él, y en segundo porque él no ha frustrado a ninguna aprendiza como seguramente hice yo con la autoescuelista que me rebañó la parte delantera del coche.

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