¡Habemus zapatos!

Lo de los zapatos se había convertido en un problema. Tras varias búsquedas infructuosas y unas cuantas llamadas que nunca me eran devueltas (nadie encontraba unos zapatos para mis pies), tomé la determinación de que no iba a dejar que el shoes-gate creciese aún más y hace un par de días salí de casa dispuesta a comprarme unos zapatos. Con las uñas de los pies recién cortaditas y mis mejores calcetines (los que se encuentran en mejor estado, en realidad), me dirigí a una zapatería en la que, pese a los buenos augurios iniciales, no tenían unos zapatos de novia para mí.

Decidida a dar por zanjado el asunto (entre otras cosas, porque no es lógico tardar -mucho- más en encontrar los zapatos que el vestido), me planté allí dispuesta a llevarme cualquier cosa en la que lograse meter los pies. Y, contra todo pronóstico, lo conseguí. No son unos zapatos de novia ni tampoco son del todo blancos (tienen una puntita negra), pero tienen un lazo y una vez pintados serán más que adecuados. Y al que no le gusten, le reto públicamente a que encuentre unos mejores. Tan contenta estaba con mi compra (repetí varias veces la cantinela “tengo zapatos, tengo zapatos”) que primero me di un homenaje culinario y luego otro que también me alimentó, aunque de otra forma.

Ya sólo queda la peluquería, el maquillaje, el viaje, los anillos… Qué estrés, por Dios.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s