Lo que llevan todas las novias

Como de tantos otros temas, mis conocimientos del mundo nupcial son más bien escasos. Lo que sé de las bodas y su entorno se limita a lo aprendido de fuentes literarias y audiovisuales, sobre todo anglosajonas, y no va más allá del algo nuevo, algo viejo, algo prestado y algo azul, el novio no debe ver el traje de la novia antes de la boda, el si alguien tiene algo que objetar, que hable ahora o calle para siempre o el puede besar a la novia.

Sin embargo, mi escaso conocimiento no me libra de sentir un escalofrío cada vez que alguien (no importa quién) esgrime como irrebatible argumento para defender cualquier peregrina idea eso de “es lo que todo el mundo hace”. Cualquiera que me conozca sabe que siempre procuro escoger los caminos menos transitados, no tanto por buscar la originalidad como por mi legendaria tozudez.

Desde que iniciamos la aventura eustaquiense, he tenido varias ocasiones de comprobar cómo parece existir una especie de manual o libro sagrado que recoge todas y cada una de las cosas que se deben hacer en una boda, un preciado documento hurtado al común de los mortales y que por lo visto ilumina los pasos de unos pocos privilegiados que obtienen así el conocimiento necesario para guiar a novios y novias descarriados que pretenden hacer o ponerse cosas que no hacen los demás.

Pero todo eso son chorradas.

La última individua que pretendió instruirme fue la dependienta de una joyería. Estábamos en Córdoba y allí nos habíamos dirigido tres generaciones de mi familia (mi abuela, mi madre y yo) para escoger las joyas con que adornaría muñeca, cuello y orejas en el día de autos. Pasamos por una joyería cuyo escaparate tenía un conjunto que nos interesaba, pero aun así fuimos primero a otra, a sugerencia de mi abuela.

Aunque lo que tenían en el escaparate era bastante feo, entramos de todas formas. Pedimos a la encargada o dueña (no lo sé, ni me importa) que nos enseñase lo que tenía en oro blanco (eso buscábamos) y nos sacó un muestrario de pendientes francamente feos, como rosetones de iglesia en miniatura y con piedrecitas multicolores (feas) que daban al conjunto aún peor aspecto. Tras un rápido intercambio de miradas, teníamos claro que allí no íbamos a encontrar nada, así que dijimos que no nos gustaban educadamente, algo que a la encargada (o dueña) no le gustó demasiado, y contraatacó con una defensa de su catálogo, a lo que mi madre, una heroína que desata su lengua cuando otros sólo nos atrevemos a mordérnosla, contestó que los pendientes allí expuestos eran “catetos, de vieja”.

Por suerte me aguanté la risa, porque la cosa podría haber sido aún peor. La encargada (o dueña) se quedó sin habla durante unos segundos, que aprovechó su subordinada (o lo que fuese) para salir en su ayuda. La chica en cuestión (me abstendré de deleitarme en una descripción que sin duda sería ofensiva, así que sólo diré que no creo que estuviese capacitada para dar consejos de nada a nadie) contraatacó con frases lapidarias del tipo “esos pendientes son preciosos”, “son de estilo isabelino” (estuve a punto de preguntarle a qué Isabel se refería, si a una inglesa o a una española, pero por desgracia me contuve) o (y aquí viene lo bueno) “es lo que llevan todas las novias”.

Como siempre, aquella frase me erizó los pelillos de la nuca, y fue suficiente para que saliésemos de allí, después de indicarle a la amable señorita, que añadió que en su boda se había puesto unos pendientes similares, que me daba igual “lo que llevasen todas las novias”, porque a mí no me gustaban y no iba a ponérmelos, ni el día de mi boda ni nunca.

Y nos fuimos en dirección a la otra joyería, regentada por una señora de lo más amable (esta vez sin cursiva) a la que le compramos los pendientes y el collar de la foto (no el anillo, aunque no lo descarto) y una pulsera, todo ello sin rosetones ni horribles piedrecitas de colores. Cuando quiera un rosetón, me compraré una iglesia.

7 comentarios en “Lo que llevan todas las novias

  1. Jajaja, yo todo eso me lo evité, odio ir de tiendas así que tanto las joyas como la ropa interior las compré por catálogo. Acerté de pleno, porque al menos a mi parecer, iba preciosa. Todo me sentaba muy bien. Lo que sí que me compré en una tienda física fue el calzado (obviamente), y para eso sí que di muchas vueltas. Adivina por dónde: Sevilla. Pero conseguí justo lo que quería, que lo tenía clarííííííísimo. Ah! y no llevé nada azul. Simplemente una liga con un lazo azul por obligación OBLIGACIÓN OBLIGACIÓN de mi cuñada que supliqué a mis amigas que me cortasen cuanto antes. No me pegaba. Iba de rojo y blanco… ains!! y encima con puntillitas… de esas isabelinas, ya me entiendes…

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  2. Jeje, qué suerte eso de que te sentaba todo muy bien😉 Lo de las obligaciones lo entiendo a la perfección, y eso que no me está saliendo por ahora mal todo, pero aún quedan casi dos meses, tiempo más que suficiente para ceder a los compromisos. De rojo y blanco, con puntillitas… seguro que estabas genial. A ver cuándo intercambiamos fotos bodorrísticas… tal vez en el próximo EBE, si hay suerte. Besos.

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  3. Créeme que la uso, y últimamente tanto que casi parece un mantra, pero hace tiempo que descubrí que el resto del mundo (salvo tú, of course) y yo no hablamos el mismo idioma.

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  4. […] el post más popular es el que dediqué a las invitaciones nupciales (unas 300 visitas), seguido de Lo que llevan todas las novias (unas 200), Vivir juntos, morir solos (un centenar, sin duda la mayoría buscando algo sobre […]

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  5. Me encanta este post, por muchos motivos. Uno de ellos es que eres firme con tus principios y no te dejas embaucar por una señora que, según ella, tiene buen gusto… su buen gusto.
    El comentario de tu madre, después de intertar salir de allí haciendo un “mutis por el foro” en toda regla, me ha sacado una carcajada porque me imagino la escena y voy más allá porque me imagino esa misma escena con mi madre, mi abuela y yo misma y esa señora diciéndonos lo mismo. La cosa es que actuado igual porque coincido contigo en que no me gusta ser un borrego social, cultural, o lo que sea.
    Bueno que me enrollo mucho.
    Me encata como escribes!!
    Muchos besitos:
    Rosa

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  6. Me alegro de que te guste (y disculpa por la tardanza en contestar). Mi madre estuvo fantástica. No veas lo que me costó aguantar la carcajada cuando soltó eso, jeje. A mí tampoco me ha gustado nunca el ‘porque lo hace todo el mundo’. Mi boda fue más o menos ‘normal’, pero adaptada a nuestras peculiaridades, como te podrá contar mi hermano. Muy nuestra, le pese a quien le pese😉

    Gracias por los piropos, aunque me temo que cada vez tengo menos tiempo (y ganas) de escribir. A ver si llegan tiempos mejores.

    Besos😉

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