Mi primera prueba

Otras que ya han pasado por esto me han dicho que todas las novias sienten la sensación de ir disfrazadas cuando se ponen sus vestidos para el día de autos, pero en mi caso colocarme encima un traje con cuatro capas de gasa, que arrastra por el suelo y se complementa con una especie de capita, también de gasa, que arrastra mucho más, es como convertirme en otra persona.

Mi madre (y mi hermano, que ha venido con ella) me ha acompañado en mi primer cara a cara con el universo de las gasas, una cita que ha comenzado casi una hora después del momento previsto gracias al retraso de la chica que me precedía y que ha desprovisto de todo sentido al madrugón y todas las prisas que prologaron mi entrada en la tienda.

Lo curioso es que, pese a lo que puedan pensar los que me conocen, lo cierto es que no me queda del todo mal el disfraz de novia, a pesar de que durante el eterno periodo en que lo tuve puesto hube de esquivar a varias crías poligoneras empeñadas en pisarme mi capita (bitches) y aguantar la risa interior despertada por el que tal vez sea el vestido (no sólo nupcial, sino en cualquier categoría) más horrible que he visto en mi vida.

Lo he buscado en la web de Pronovias, y claro, no lo he encontrado. Lo sorprendente no es tanto que alguien lo compre como que le cobren por él mil eurazos cuando deberían regalarlo en las cajas de cereales.

No sé cómo describirlo, pero lo voy a intentar. Era corto, por encima de la rodilla, creo, con multitud de regargados encajes y una especie de cuello que recordaba al de la bruja de Blancanieves (Disney version), aunque más alto y más ajustado al cuello (con muchos encajes también, para que no desentonase con el espantoso conjunto). El modelito se completaba con un cinturón plateado (feo también como un pie, o como dos) que costaba otros 300 euros.

No sé si la chica, suramericana, se llevó finalmente todo el lote, porque no se la veía muy entusiasmada, pero su arrugada (y española) suegra (quemada por el sol y consumida por la edad y los pliegues de su piel), que iba con ella, junto a su hijo (o sea, el novio, aunque se quedó fuera), le encantó. Por una vez, espero que no ganase España.

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