La última semana

Ayer volví al trabajo después de una semana libre en la que básicamente me aislé y me aparté de casi todo (y sin salir de casa). En estos días se me han ocurrido un par de cosas sobre las que escribir pero, para qué nos vamos a engañar, no tenía ánimo ni ganas de sentarme a hacerlo, así que lo que viene a continuación es una serie de miniposts con algunas de esas tonterías que se me han ocurrido a lo largo de esos días en los que no he ido al cine o he visto algo interesante en televisión (bueno, terminé con la quinta de House y me regalé un revival de Star Trek, con La ira de Khan y algunos episodios elegidos de forma totalmente aleatoria; me quedó por ver, eso sí, el de los Tribbles). Tras esta introducción, vamos al lío:

1. Una santa del montón

La mayoría de los santos están repetidos en el santoral. Hay varios con el mismo nombre, que se celebran en días diferentes, lo que motiva que, salvo los santos importantes o los singulares (los que no están repetidos), uno celebre su santo cuando sus padres le dicen que debe hacerlo. Como casi todos los nombres, también el mío se repite a lo largo del calendario. El oficial es el 11 de agosto, pero yo lo celebro el 24 de mayo. Nunca me había dado por buscar quién fue esa señora a la que se le adjudicó ese día, pero esta vez lo hice, con la idea de escribir un post heroico, épico, sobre las andanzas que llevaron a la santidad a esta mujer. Pero no hay épica ninguna. La santa en cuestión, Susana de Tavium, fue martirizada junto a once mil y pico (literalmente) personas más en el siglo II o III (ni siquiera hay una cronología clara de los hechos) en una región de Ankara dominada entonces por los galos.

2. Diez años después

No ha sido un buen año (para mí los años terminan en mayo-junio, como el curso escolar, la temporada de fútbol o la televisiva, como le pasa a Liz Lemon, aunque siempre hay alguien empeñado en llevar la contraria, en su caso Jack Donaghy: “¿De qué hablas? Estamos en mayo”), y mi retorno a los libros (que no a las aulas, por aquello de que es educación a distancia) ha sido fallido. De todas formas me presenté a un examen, más que nada por conocer el mecanismo de cara a septiembre (entonces sí pretendo hacerlos todos). Hacía diez años que no hacía un examen (el del carné de conducir no cuenta), y la verdad es que me gustó volver a sentir ese hormigueo en el estómago, pese a saber que no tenía ninguna oportunidad de rozar siquiera el aprobado. Para no hacer demasiado el ridículo hice el examen de Lengua Inglesa I, el más asequible a priori, aunque no creo que logre más de un dos o un tres, pero a lo mejor me llevo algún puntito más por responder de forma imaginativa (como Kirk en el Kobayashi Maru) una de las preguntas, que pedía que hablásemos de un descubrimiento o invento científico y en la que yo conté la historia del gato de Schrödinger, que se explica, junto a otros muchos relatos científicos, en este libro.

3. Cherry battle

Mi madre me endosó el sábado una caja con dos kilos de cerezas. Por si alguno se pregunta cuántas cerezas caben en una caja de dos kilos, la respuesta es sencilla: un montón. Desde entonces como cerezas varias veces al día, con la vana esperanza de llegar en algún momento a vaciar la puñetera caja. Sé que no las tengo todas conmigo.

4. El dálmata

Mi hermano tiene un perro, un dálmata de nombre extraño, Suca, que con el tiempo hemos sabido que corresponde a las sílabas iniciales de mi nombre y mi primer apellido. He estado un par de meses sin verlo (ahora tiene seis) y en este tiempo su tamaño ha aumentado exponencialmente. Su cabeza es más grande que la mía (pelo incluido; el mío, claro) y sus dientes corresponden al tamaño de la cabeza que los alberga. No soy precisamente bajita, pero si se pone a dos patas casi me llega a la coronilla. Mi madre, que cuando mi hermano va a su casa los fines de semana (trabaja en otra localidad) despotrica ampliamente sobre el susodicho perro, que lo mordisquea prácticamente todo, no entiende que ese perrazo me dé miedo. “Sólo quiere saludarte y jugar contigo”, me dijo, sin comprender mi pretensión de conservar intactos todos los dedos (también los de los pies) y las orejas.

Suca 01

5. Sueño esquivo

Vuelvo a tener problemas para dormir. En realidad es habitual que los tenga, y pesadillas, y sueños como mínimo extraños, así que lo raro es que, durante un tiempo, no los haya tenido. Supongo que es el precio que tengo que pagar por haberme quedado el otro día frita en el sofá después de comer. La mayoría de la gente tendría problemas para dormir esa noche, pero mi penitencia dura varios días. Supongo que un día de estos me vencerá el cansancio y dormiré de un tirón, porque no me tengo en pie.

6. Un mal domingo

El domingo pasado, 31 de mayo, mi abuelo habría cumplido 87 años. Como tantos otros, fue víctima de la tradición de ponerle al niño el santo del día, así que sus padres le llamaron Petronilo. Por suerte, agregaron un Alfonso con el que casi todo el mundo le conocía, salvo mi hermano, que le llamaba Petronilo o Petro para hacerle rabiar (sin éxito).

7. Un mal domingo (II)

El día comenzó mal y continuó con el semanal zafarrancho doméstico. Por la tarde, no pude resistirme y volví a ver en Cuatro el final de la primera temporada de Perdidos. Después bajó el Betis a Segunda (no soy bética, pero algunos buenos amigos sí) y, ya por la noche, justo cuando me iba a (intentar) dormir, descubrimos una cucaracha (muy grande) en casa. No usamos la técnica de la mosca, ni tampoco la que sugería Paco en los comentarios de pisarla mientras gritábamos para no escuchar cómo crujía (estaba pegada al techo en el hueco de la escalera; sólo Spiderman podría haberla pisado), sino que la asfixiamos con insecticida hasta que la palmó.

2 comentarios en “La última semana

  1. Me alegro de que pudieras relajarte alejada del trabajo durante unos días. Holgazanear un poco es una excelente medicina. Yo también me dediqué a hacerlo durante una semanilla de permiso (la que coincide con la Feria de Córdoba, y no precisamente para meterme en ella sino para huir; ya conoces mi fobia a los lugares con mucha gente excepto los estadios de fútbol y mi nula capacidad para las relaciones sociales). Me dio tiempo para hacer algunas cosillas, de las que destaco tres:

    1) Hablar de modo muy especial con dos tipos importantes en mi vida: mi padre (70 años) y mi hijo (7 años). Es cierto que cuando te haces mayor te ves como un puente entre generaciones y sientes cosas imposibles de explicar. Hablamos de fútbol, que es una manera de hablar de todo. Mi padre me dijo: “¿Te imaginas que el destino te ha deparado escribir la crónica de un Córdoba-Betis en el que se juegan el ascenso a Primera?”. (Nota: Mi padre es del Betis. Yo también. El Betis descendió a Segunda este fin de semana. Fue un mal momento, que me llevó a pensar cosas turbadoras. Comencé a trabajar en mi actual empresa el último año que el Betis estuvo en Segunda. Puede que, casi diez años después, esta historia de fútbol sea la señal de un final de ciclo. Puede que parezca una estupidez, pero creo que muchas grandes decisiones en esta vida se toman de forma estúpida. Y sé de lo que estoy hablando). Con mi vástago también hablé de fútbol. Me dijo, después de darle muchas vueltas para no ofenderme, que su equipo es el Barcelona. Le advertí que si uno es de un equipo, debe serlo en cualquier circunstancia. Le puse el ejemplo del Betis. “Mira hijo: yo soy del Betis esté donde esté. Imagínate que eso le ocurre a tu equipo. ¿Seguirías siendo del Barça?”. “No lo sé”, me dijo después de meditarlo unos segundos. Aún conservo la esperanza de que cambie.

    2) Me leí tres libros. “Las catilinarias”, de Amelie Nothomb, “Todo por una chica”, de Nick Hornby, y “Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo”, de Irvine Welsh. Espectaculares todos. Por cierto, nadie como Hornby capta mejor el espíritu del hombre atribulado por los grandes problemones que marcan su existencia (relaciones con las mujeres, autoestima laboral y/o sexual… y fútbol). Por cierto. si no las has visto, te recomiendo dos películas sobre libros de Hornby: “Alta fidelidad”, de Stephen Frears, con John Cusack genial, y “Fiebre en las gradas”, donde tu admirado Colin Firth borda su papel de tío descolocado entre la exigencia de madurez por parte de sus novias y su desmedida pasión por el Arsenal.

    3) Ir a la playa. A Torrox, donde siempre. Me tumbé al sol sin miramientos. Vuelta y vuelta. Poco hecho. Me recarga las pilas. Me quedo mirando al cielo con los ojos cerrados hasta que veo lucecillas. Fueron sólo un par de días, con mi mujer y mi hijo. 48 horas de paz, comiendo a deshoras y sin prisa por nada. Espectacular.

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  2. Las ferias tienen la ventaja de que suelen celebrarse en recintos acotados y alejados de los ciudadanos de bien (en Córdoba el avance es aún muy reciente), pero aun así siempre es bueno huir de ellas todo lo posible si se tiene la ocasión (mis padres también se fueron a Torrox la semana pasada, pero por cuestiones médicas mi madre tiene que alejarse este año del Sol, así que no se la verá mucho por la playa).

    Me ha gustado eso del “puente entre generaciones” (sobre todo ahora que tu niño empieza a hacerse mayor; espero que lo haga pronto para corregir desaplicaciones como la futbolera; si es de un equipo, aunque sea del Barça, que lo sea en todas las circunstancias), algo que, honestamente, yo nunca he sentido (mi familia es un poco particular y poco dada a que se produzcan esos tipos de conexiones, sobre todo ahora que mi abuelo ya no está). Tú eres uno de los buenos amigos a los que me refería cuando hablaba del descenso del Betis. Lo siento. Lo mejor que se me ocurre decir al respecto es que quizás le venga bien esta especie de pausa para dejar atrás toda la basura que lleva rodeándole desde hace tanto tiempo. Es cierto eso de que el fútbol sirve para hablar de casi cualquier cosa. También determinados libros, películas o series, porque al hablar de ellos hablamos más de nosotros mismos que en muchas otras ocasiones.

    También me gustaría que escribieses la crónica de un Córdoba-Betis con el ascenso en juego, pero ya sabemos que los blanquiverdes son un poco gafes y, trabajando para un periódico cordobés, tendrías que escribir un texto triste procurando que no lo salpique la euforia.

    Los tres libros que mencionas (los de Nothomb, Hornby y Welsh) los tengo en mi lista de próxima adquisición-lectura, gracias por la recomendación. ‘Alta fidelidad’ me gustó mucho y también lo hizo ‘Fiebre en las gradas’, aunque Colin Firth ha estado mejor en otras ocasiones (sobre todo en lo que a su aspecto se refiere, claro).

    Lo del cambio de ciclo no es en absoluto estúpido. Es más que lógico, teniendo en cuenta todo lo que has pasado ahí y lo que está pasando casi en todas partes. Uno siente que ya todo da igual y que las mejores cosas que podía hacer ya las ha hecho, porque las otras, las grandes, están fuera de su alcance.

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