Barcelona (I)

La excusa fue el concierto de U2, pero Barcelona era una deuda pendiente -hasta ahora mi único contacto con la ciudad fueron unas horas en marzo de 2006 (la versión corta de la historia es que crucé el país para ver de cerca -al fin- a Harrison Ford en la presentación de Firewall)-, así que aprovechamos la ocasión para pasar en ella una semanita (desde el lunes 29 de junio al domingo 5 de julio) en la que nos hospedamos en el hotel Eurostars Ramblas Boquería (como su propio nombre indica, en Las Ramblas, junto al exuberante y bullicioso -tranquilo cuando hice la foto, un domingo por la mañana- Mercado de la Boquería).

Mercado de la Boquería

Una vez establecidas las coordenadas de nuestro periplo barcelonés, sigamos con alguna que otra obviedad. Barcelona es grande, muy grande, por lo que es recomendable pasar en ella unos cuantos días para conocerla (aunque sea someramente, como hicimos nosotros, que pese a las interminables caminatas nos dejamos atrás bastantes cosas).

Segunda obviedad: hace mucho calor. Los aguerridos nativos del Valle del Guadalquivir ni nos inmutamos cuando los termómetros superan los 30 grados, pero lo nuestro es el secano, no la sofocante humedad mediterránea que hace que sudes por sitios en los que ni sabías que tenías poros y que te otorga una asquerosa textura pegajosa incompatible con el contacto con otros seres humanos. Nuestro amigo Javi (una de nuestras fuentes principales de información durante esos días, junto a esta otra), nos contó que el bochorno (eso que llaman sensación térmica cuando hay, por ejemplo, grandes corrientes de aire helado) ha pasado a formar parte de la previsión meteorológica, porque aporta unos cuantos grados más a las temperaturas oficiales). Aparte del calor, y de lo mucho que quema el sol, quienes diseñaron la ciudad parece que no fueron a clase el día que explicaron los beneficios de las sombras. No sé si fue mala suerte o que los edificios y árboles estaban mal orientados, pero pillar una sombra que nos salvase del sol era casi siempre una misión imposible.

Flores en Las Ramblas

Tercera obviedad: en Barcelona hay mucha gente. A los ya numerosos habitantes de la urbe se unen las hordas de turistas (nosotros incluidos) que lo llenan todo. La superpoblación no pasaría de anécdota si no fuese porque en esa puñetera ciudad las personas (autóctonas y foráneas) son incapaces de caminar dos pasos en línea recta. Las masas deambulan como pollos sin cabeza, de una acera a la otra, de una esquina a otra, se detienen sin aviso previo y se te cruzan por doquier, y así no hay quien se mueva por ninguna parte, aunque a pesar de todo, nosotros lo hicimos…

2 comentarios en “Barcelona (I)

  1. Entre este batiburrillo de emociones contradictorias de leer “cosillas incómodas” de Barcelona mezcladas con estas preciosas fotografías, el veredicto es: cada vez tengo más ganas de conocer Barcelona.

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