Barcelona (II)

Día 1: el viaje y un poco (o mucho) de gótico.

Llegamos a Barcelona el lunes 29 de junio, en un vuelo directo desde Sevilla (operado por Clickair, es decir, sin apenas espacio para mis largas piernas, ni pantallitas con que entretenerse, comida, refrescos, mantitas o almohadas; sé que esas atenciones no tienen mucho sentido en un viaje de poco más de una hora, pero a mí esas chorradas me encantan) que nos dejó en la Terminal B del Aeropuerto de El Prat (con la inauguración de la flamante T1, han unificado las tres antiguas en la Terminal 2, que incluye las A, B y C -dato cortesía de nuestro amigo Javier-).

Desde allí, aparte del transporte privado y de los taxis, hay dos medios para llegar a Barcelona: un autobús que te deja en la Plaza de Catalunya y un tren de cercanías que te deja en la Estación de Sants, donde se puede coger el metro o un bus.

Nosotros escogimos la segunda, que nos hizo caminar durante un buen rato por el aeropuerto y luego otro buen trecho por Sants para llegar a la estación de metro. La parte positiva fue el precio (hay unos bonobuses llamados T10, con diez viajes, que cuestan menos de ocho euros y que te permiten hacer transbordo entre cercanías, bus y metro) y que la boca del metro estaba justo enfrente del hotel.

En el hotelUna vez registrados, subimos a la habitación, soltamos las maletas, nos refrescamos un poco, documentamos el que iba a ser nuestro hogar durante los días siguientes y, continuando con la tradición iniciada en Londres y definitivamente asentada en Nueva York, nos lanzamos a la calle, sin tener muy claro adónde íbamos, para empezar a explorar la ciudad.

En nuestro primer paseo por Las Ramblas, entre flores, estatuas humanas, quioscos de pajaritos y personajes varios, constatamos la sobrepoblación de la zona y que al parecer todos esos individuos comían en los mismos sitios en que nosotros pretendíamos hacerlo. Después de dar unas cuantas vueltas terminamos en una cafetería de la Plaza Catalunya en la que el apetitoso almuerzo se vio aderezado por la inquietante conversación que mantenían los comensales de una mesa junto a la nuestra, un señor y una joven (por edad y por algún que otro detalle podrían ser padre e hija, aunque no lo tengo claro) que durante la comida hablaron de temas tan ligeritos como Historia contemporánea, determinismo social o cuántos idiomas puede dominar una persona (y las ventajas y desventajas de que existan tantas lenguas en el mundo).

El Gris en la Librería CanudaTras el almuerzo nos dimos un paseo por el Mercado de la Boquería y, después de conocer una librería en la que podría haberme pasado toda la semana, nos zambullimos de lleno en el Barrio Gótico, un entramado de callejuelas y rincones oscuros que, como es habitual en el casco histórico de las ciudades que tienen unos cuantos siglos a sus espaldas, es un viaje al pasado en el que casi cada recodo tiene una buena historia que contar y en el que las plazas señoriales, los palacios y las iglesias se esconden detrás de cualquier esquina. Así fue como nos topamos con la Catedral de Barcelona.

Catedral de Barcelona

Catedral de BarcelonaHay muchas cosas que me gusta ver cuando visito una ciudad, pero mis favoritas son sin duda las iglesias, sobre todo si son antiguas, oscuras y tan altas y de tan complejo diseño y ornamentación que, por mucho que los historiadores expliquen las técnicas con que se construyeron, uno sigue sin comprender cómo fueron capaces de levantarla. La Catedral de Barcelona, consagrada a Santa Eulalia, encaja a la perfección con esa descripción, tanto sus naves como las capillas, la cripta de la santa y, claro, su hermoso claustro. La única pega es que la restauración que está viviendo cubría de andamios su fachada principal.

Fuente

BalcónTras pasar un buen rato en ella salimos de allí y continuamos nuestro deambular por las callejuelas del barrio, donde vimos fuentes del siglo XIV como la de arriba (en la Plaza de Sant Just), exuberantes balcones como el de la izquierda y, en definitiva, piedra y más piedra. Nuestros pasos (o más bien los míos, porque era yo quien iba dirigiendo la expedición) nos llevaron a la Plaza de Sant Jaume, con el Ayuntamiento y el Palau de la Generalitat frente a frente, sus Mossos de Escuadra custodiando ambos edificios y sus turistas deambulando de un lado a otro de la plaza donde se asienta el poder civil de la ciudad y de la comunidad (o al menos una parte, porque el Parlament está en otro sitio).

Cremat de cremaComo ya llevábamos unas horas caminando, buscamos un lugar donde hacer una parada de avituallamiento (también conocida como merienda). El lugar escogido fue la Pastelería Santa Clara, un pequeño y acogedor establecimiento fundado en 1834, según la inscripción de la entrada, y donde degustamos la maravilla de la imagen de la izquierda, un dulce llamado Cremat de crema. Delicioso.

Otro balcónTras el alto estratégico seguimos paseando un ratito más, y recorrimos la calle de la Llibreteria (en la que estaba la pastelería de más arriba), la Plaza del Rey, vimos lo que queda del cementerio romano de la ciudad y terminamos, de vuelta ya a Las Ramblas y al hotel, en la Plaza Real. A esas alturas del día, con el madrugón, el ajetreo y la caminata, estábamos ya destrozados, así que buscamos algo de comida para cenar en el hotel y nos retiramos a nuestros aposentos hasta el día siguiente, dedicado a Gaudí y a sus amigos modernistas.

3 comentarios en “Barcelona (II)

  1. Conozco la librería La Canuda. Llevo unos años yendo a Barna todos los noviembres por asuntos míos festivaleros y en mi primer viaje me la encontré, y en mis subsiguientes visitas siempre hago un hueco para visitarla. Tiene un gran fondo de Historia, tema que me interesa mucho, y ciertamente es para pasarse horas allí, pero dejando los dineros y la tarjeta en el hotel, que si no… y pensando que todo no cabe en el avión de vuelta.

    Siempre hago tiempo también para la tienda Freak, que está por el Arco del Triunfo. Una tienda que en realidad son tres: una de cómics, una de coleccionismo y otra maravillosa de DVDs de importación, caros, pero interesantes. Hay muchos géneros populares muy bien seleccionados y una parte excelente de cine de autor. Otro lugar para perderse una mañana. Hay series de televisión también de importación que aún no tienen versión española, aunque muchas tienen subtítulos en castellano, aunque me temo que neutro. Si vuelven por allí deberían visitarla.

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  2. La tarta os la teníais bien merecida. No sé si sobre la marcha se nota tanto, pero leído parece que caminasteis kilómetros y kilómetros!! Jajaja, visteis muchas cosas a que sí?

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  3. @Alcancero: Cierto, es mejor ir sin la tarjeta de crédito y con la maleta poco cargada, por si acaso, jeje.

    Me apunto la tienda que me recomiendas para futuras visitas, que espero que las haya, aunque para ir allí desde aquí lo mejor es el avión y no me gustan los aeropuertos. Curiosamente estuvimos una tarde por esa zona, y curioseamos por la tienda de Norma y la de Gigamesh, pero esa no la vimos. Gracias por la recomendación.

    @Drea: Pues el primer día fue de los más tranquilos, sobre todo porque sólo pateamos por la tarde, jeje. Cuando viajamos procuramos visitar todo lo que podemos, aunque siempre se quedan cosas atrás. Una buena excusa para volver😉

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