Una mañana intensa

9:30 am(Aún dormidos) ¡Ring! Número privado. Aun así, contestamos. Una tipa preguntando por un tal Juan Ramón no sé qué. “Se ha equivocado”. Voy al baño. Escucho una furgoneta y que un tipo saluda tímidamente y aparentemente sin demasiado interés por que le oigan. “¿Hola?”. “Un segundo”, respondo, “niño, es Seur; baja”, le espeto a mi todavía soñoliento marido, que baja para recoger el router que pedimos a Orange hace más de un mes.

[El que teníamos murió y, antes de llamar para preguntar si nos mandarían otro, nos compramos -él se compró- uno nuevo, más potente y mejor; unos días después llamó a preguntar y le dijeron que sí, que nos mandaban uno gratis; un mes después de aquella conversación volvió a llamar y le dijeron que, como habían detectado actividad en la conexión, pensaron que el problema estaba solucionado y anularon la orden de envío. Ole. “¿Quiere que se lo mandemos de todas formas?”. “Sí”.]

10.15 am(Yo me he levantado hace un rato, porque no pude volver a dormirme; de todas formas, mi despertador iba a sonar a las 10:00) ¡Ring! 965143696. No suelo coger llamadas de números que no conozco, pero él sigue en la cama, así que contesto. Error.

-Buenas, le llamamos de Telefónica, del departamento de ADSL. El titular de su línea es Antonio… ¿Es familiar suyo?

-Es mi marido.

-Ajam. Y en casa, ¿quién toma las decisiones sobre la conexión a internet? ¿Las toma él, las toman entre los dos? -aún tenía el café a medias, así que no puedo estar segura, pero creo que la opción “las toma usted” no estaba contemplada, así que decido convertirme en una sumisa ama de casa:

-No, las toma él. Yo de esas cosas no entiendo.

-¿Él está ahora en casa?

-No -segunda mentira.

-¿Y a qué hora podemos localizarle?

-Por la tarde, a partir de las cinco -tercera mentira; trabajamos por la tarde, así que no estamos aquí a las cinco.

-¿Y a mediodía? ¿Él no va a comer a casa? -se ve que tienen jornada intensiva o algo y que no dan por saco por la tarde.

-Casi nunca, en realidad -suspiro, dando a entender que no suelo verle mucho el pelo a mi marido; cuarta mentira.

-¿Irá hoy a comer? -la tipa no se rinde.

-Pues no lo sé -suspiro-. En teoría sí, pero nunca se sabe -suspiro.

-¿Y a qué hora suele ir a comer a casa cuando lo hace?

-A las tres, tres y media… No sabría decirle.

-Bien, pues llamaré entonces. Gracias y buenos días.

En ese momento baja él. “¿Quién era?”. “Una tipa de Telefónica, que va a volver a llamar a las tres o tres y media. Es un número de Valencia. No lo cojas”. “¿A esta gente cuántas veces hay que decirle que no?”. Buena pregunta.

11.00 am. (Algo más despiertos ya) Decidimos que ha llegado el momento de desvelar el enigma del aire acondicionado. Hace unos días comenzaron a aparecer minúsculos excrementos (o eso es lo que creíamos que eran) a los pies de la consola refrigeradora del salón. Primero pensamos que era un ratón, e incluso compramos cebos. Pero nada pasaba. Una compañera le sugirió que podía tratarse de una lagartija. Tras unos cuantos días de incertidumbre, hoy hemos decidido actuar contra la ignota criatura. Hemos encendido el aire e, inmediatamente, ha salido disparado algo parecido a una cucaracha. No me ha dado tiempo a comprobar su filiación entomológica porque ha sido inmediatamente deportada. Ojalá no haya nada más.

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