Un año más

Happy and safe birthday

Cumplir años apesta. Por muchos motivos.

No tiene nada que ver con frivolidades y estupideces como las arrugas (no tengo) o las canas (de ellas se encarga mi marido, que se ha revelado como un estupendo teñidor, por mucho que las muy puñeteras se resistan a abandonar su nívea naturaleza).

Tampoco son los achaques. Aún no tengo edad para tenerlos, pero gente a la que quiero sí. Cada vez más. Cuando celebramos el primer aniversario de San Eustaquio ya comenté que no había sido un buen año. Y sigue sin serlo. Me importan bastante poco las felicitaciones. De hecho, me molestan las gratuitas, las falsas, las cumplidas, las que llegan sólo porque el remitente se ha enterado de que es mi cumpleaños. Pero sí me importan las de los míos. Este año recibiré una menos, una de las que más esperaba, por mucho que a veces se liase con los días y los años y hasta me felicitase cuando lo llamaba o visitaba para felicitarlo a él (no, no compartíamos cumpleaños).

Una de las cosas que más apestan de cumplir años es que la gente a la que quieres también los cumple, y año tras año vas tomando conciencia de que, por muy crudo que suene, eso que llaman ley de vida dicta que lo lógico es que tengas que enterrar a casi todos los tuyos porque casi todos son mayores que tú. Te gustaría parar el reloj, el calendario, la rotación de la Tierra o lo que fuese para impedirlo, pero no puedes. Los años pasan.

Un día te levantas y ya ha pasado otro más, y no sabes cómo ha ocurrido.

Tampoco sabes qué has hecho con ese año, porque profesionalmente estás exactamente donde estabas. Tienes trabajo, y eso ya es de por sí bueno, pero ahí se acaba la lista de pros. Hace mucho que perdiste la ilusión por tu profesión, por tu carrera, por eso que respondes cuando te preguntan a qué te dedicas. Estás cansada, tanto que apenas tienes fuerzas para salir corriendo. Ni fuerzas, ni valor. Y hay que pagar la hipoteca.

Al menos antes llovía siempre en mi cumpleaños (grandes recuerdos de coches atascados en el barro cuando mi familia se reunía para celebrarlo en la parcela de mis abuelos; supongo que para los que tenían que empujar los coches no serán tan gratos), lo que me permitía refugiarme en casa cuando dejó de gustarme cumplir años. Ahora, con la porquería del cambio climático y los veranos infinitos apenas hace un poco de fresco. Y el ánimo melancólico necesita la lluvia, o al menos el frío. Pero no hay ni lo uno ni lo otro.

Pero tampoco puedo quedarme en casa. Cuando trabajas en lo que trabajo yo (y tienes la porquería de turnos que tengo) tienes un 50% de posibilidades de tener que trabajar si tu cumpleaños cae en fin de semana. Y no iba a tener tanta suerte.

No era mi intención cuando me senté a escribir, pero ha quedado un texto un poco oscuro. Que nadie se preocupe. Estoy bien. Como diría alguien que es casi de la familia, “no son los años, son los kilómetros”.

PD: La foto es de Stéfan y tiene muchas más como ésa.

2 comentarios en “Un año más

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