La Bahía de San Francisco y Silicon Valley

Por carreteras de CaliforniaTras unos días en San Francisco, abandonamos la ciudad rumbo a Silicon Valley (bueno, al condado de Santa Clara, porque Silicon Valley como tal no existe, por así decirlo). Y para desplazarnos por esas enrevesadas e infinitas autopistas estadounidenses, qué mejor que alquilar un coche. Y eso hicimos.

No me gustan los coches grandes (tengo un Kalos, recortadito, sin culo ni nada), ni los blancos tampoco (la pintura, se entiende), y lo de tener que conducir un coche sin marchas me daba un poco de repelús, pero el Volvo que nos adjudicó el señor que se encargó de nuestra reserva en Hertz (yo sólo seleccioné una categoría; fue él el que nos lo asignó) es el mejor coche que he conducido nunca (eso sí, para callejear por el centro de Sevilla -poned aquí la ciudad con casco antiguo que prefiráis- y meterme en los angostos parkings que hay por estos lares me quedo sin duda con mi Kalos; no sabría qué hacer aquí con un coche tan grande).

Con el Volvo partimos, primero hacia el norte, para salir por el Golden Gate rumbo a Sausalito. Es una tontería, pero cruzar el puente tuvo su punto emocionante. Nada más pasarlo llegamos a Sausalito, un pueblecito costero con pinta de que no debe de ser nada barato vivir allí (no sólo por los yates, sino por las impresionantes casas que trufaban las colinas).

Desde allí, tras un suculento y reparador (porque teníamos bastante hambre) fish and chips, seguimos nuestro viaje hasta Berkeley, por cuyo campus nos dimos un paseo más que nada para arañarnos la cara por la envidia, como buenos ex universitarios que pasaron cuatro años en un edificio que literalmente se caía a pedazos (lo peor es que el nuevo edificio de la Facultad de Periodismo, o de Comunicación, o como narices se llame ahora, no tiene mucha mejor pinta que el nuestro, porque parece una cárcel, o un pabellón psiquiátrico; en cualquier caso un sitio chungo, por mucha cafetería que tenga; nosotros las teníamos en los alrededores, pero no dentro del edificio; allí no había sitio para nada).

Tras la preceptiva parada de avituallamiento, en esta ocasión en un Starbucks (café americano y bagel -perdí la cuenta de cuántos me comí mientras estuve en Estados Unidos; cómo me gustan esos bollos- para mí y un Frapuccino y un dulce delicioso llamado Apple Fritter para él -que es eso de la foto-), continuamos hasta San José, donde pasaríamos esa noche antes de zambullirnos al día siguiente en la Meca de los geeks (¿ha sonado muy rimbombante? Bueno, creo que la ocasión lo merece).

I visited the MothershipY eso hicimos. Primero, visita a Cupertino, a la mothership, como decía una de las camisetas que mi santo esposo se compró en la tienda Apple (I visited the mothership, decía una, y Hello, I’m a Mac la otra; también se compró una taza monísima, pero no les ha hecho todavía fotos). Preguntamos, obviamente, si había algún tipo de tour por el Infinite Loop, pero no era el caso. Había visitas organizadas pero sólo para los invitados. (Por suerte preguntamos después de haber ido al baño a aliviarnos). Después de Cupertino, a Mountain View, a ver la sede de Google. Tampoco se podía visitar, aparte de unos jardines que sí estaban abiertos al público, salvo si tenías a alguien dentro que te lo enseñase, así que nos conformamos con hacer unas fotos. En Google Se acercaba la hora de comer, y ante la escasa perspectiva que nos ofrecían los alrededores del planeta Google (es decir, que estaba en el quinto carajo), nos fuimos al centro de Mountain View, donde almorzamos en una librería preciosa. Y de allí, a Stanford, para que nos quedase claro, como si la visita a Berkeley no hubiese sido suficiente, que la facultad donde estudiamos era una basura. La pena es que llegamos algo tarde y el centro de atención a los visitantes estaba cerrado, pero al menos pudimos darnos una vuelta por el campus. Qué calor hacía esa tarde, por cierto… Stanford

Carretera

Y tras la segunda noche en San José, en un hotel que en realidad parecía un motel, con todo lo que ello conlleva, partimos rumbo a Los Ángeles, por una carretera como la de la foto de abajo en la que nos cruzamos hasta con pozos petrolíferos (más abajo).

Pozo

PD: Todas las fotos de esta entrada, salvo las que están incrustadas desde Flickr, que son mías, son de mi santo esposo, que aún no las ha subido, aunque desde aquí vuelvo a animarle, con todo el cariño, a que lo haga.

———————————

Entregas anteriores:

La mochila que no quería volver a casa

San Francisco

6 comentarios en “La Bahía de San Francisco y Silicon Valley

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s