Febrero

No suelo creer que la suerte, o la falta de ella, venga en oleadas, pero en ocasiones los acontecimientos se alinean de forma cuanto menos sospechosa (por no decir que a veces parece todo una broma de mal gusto).

Pese a encontrarnos en el año del fin del mundo (mayas style) y el empeño global (económico, sobre todo) en que nos vayamos todos a la mierda, enero no nos fue mal. Con nuestro SuperTrece, nuestros regalitos (soy lo peor, aún no he hecho fotos a lo que me regaló mi marido) y tonterías varias casi ni me importó el maratón de exámenes de finales de enero / principios de febrero.

Pero febrero ha sido un mal mes. Empezó, como digo, con exámenes, a los que enseguida acompañó un gripazo de los buenos, aunque la fiebre me respetó y no falté un día al trabajo (eso sí, estaba dentro de una burbuja). Cuando empezaba a recuperarme, me dio un tirón en la espalda que desembocó en lumbalgia (llevo algo más de dos semanas de baja y, salvo catástrofe, mañana pediré el alta). A algunos amigos con problemas mucho más serios de espalda les parecerá una estupidez, pero las he pasado putas canutas. Ya no sólo el dolor, sino el acipotamiento total provocado por las generosas dosis de calmantes, relajantes y demás, que no me dejaba leer, escribir ni ver siquiera una película de un tirón (además, no aguantaba diez minutos en la misma postura). Y la imposibilidad de hacer casi nada, que era lo que peor llevaba (mi marido se ha portado, as usual, porque siempre lo hace, como un campeón). Los que me conocéis sabréis que no me gusta pedir ayuda. Soy más del tipo ‘hazlo tú mismo’ o, como suelo decir, si lo puedo hacer, lo hago yo (entre otras cosas porque así me aseguro de que se hará como yo quiero hacerlo). Sí, soy del tipo de persona que dejaría escrita (y corregida) su propia lápida antes de morir por temor a que la cagasen en la funeraria.

Y hablando de funerarias, llegamos al highlight de febrero. El domingo falleció la madre de mi marido. La palabra suegra siempre me ha parecido horrible, apropiada sólo para personas desagradables, y la madre de mi marido no lo era, así que no la llamaré suegra. No voy a explayarme más sobre el tema porque puede que con esto ya esté molestándole a él, y no querría eso. Digamos sólo que era bastante mayor y que ha sido muy rápido, apenas una noche en el hospital. No es consuelo, pero con lo que pasaron mi abuelo y sobre todo mi madre creo que es al menos un alivio. En una de esas casualidades que no tienen ni puñetera gracia, la madre de mi marido, María, se ha ido dos días antes del tercer aniversario de la muerte de mi abuelo.

Sí, febrero ha sido un mes cojonudo. Bienvenido, marzo.

2 comentarios en “Febrero

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