Distancia de seguridad

No me gusta que me toquen. Salvo excepciones (las que dicta el afecto), no me gusta tener a gente cerca, ni que me rocen, sea intencionadamente o no. Como suele ocurrir con las manías, conforme me hago mayor me estoy volviendo más estricta, y cada vez llevo peor la necesidad que al parecer tienen algunos de tocar incesantemente a su interlocutor.

Le pasa, por ejemplo, a mi padre, que como tantos otros no advierte que, mientras habla, me voy alejando poco a poco, hasta que me pongo a salvo de ese tic. Mi padre no es el único, claro, pero es el primero que me viene a la mente. También lo hace cuando va conduciendo. Y gesticula. Mucho. Con las dos manos a la vez. ¿Qué le costará dejar al menos una de las dos en el volante?

Hay gente que simplemente no entiende (ni por tanto respeta) la distancia de seguridad. Ocurre en la carretera, donde es frecuente ver hileras de coches pegados (y listos que se meten en el hueco, por pequeño que sea, que dejas para no comerte al de delante), y ocurre también cuando vas a pie o te sientas en un banco.

Si dejas un hueco a tu lado, siempre se sentará (aunque claramente no haya sitio ni para alguien muy delgado) alguien que lleve bultos, animales y/o niños.

Hay personas que parecen detectar a quienes no queremos a gente cerca y encima disfrutan torturándonos.

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