Aeropuertos

Nueva York y Manhattan desde el avión

No sé si será por mi (por desgracia, muy domesticado ya) espíritu aventurero, por mi innata insatisfacción (con frecuencia preferiría estar en cualquier otro lugar, haciendo cualquier otra cosa) o porque, simplemente, hay días (semanas, meses) que el deseo (la urgencia) de escapar de todo solamente se ve refrenado por las implacables facturas que me obligan a trabajar para apaciguarlas.

Da igual el motivo. Cada vez que veo un avión sobrevolándome la cabeza pienso en huidas, aventuras, posibilidades. A menor escala, cada vez que me cruzo a alguien que acarrea maletas me pregunto adónde irá, de dónde vendrá (probablemente irá o volverá de visitar a la familia; nada emocionante) y rememoro viajes pasados y fabulo sobre hipotéticos viajes futuros.

Nada para romper ese ensueño viajero como pasar por un aeropuerto.

Aunque las estaciones de autobús y de tren tampoco se quedan atrás.

Estaciones de autobús, estaciones de tren

Si Dante aterrizase en el siglo XXI no necesitaría a ningún poeta que le sirviese de guía. Le bastaría preguntar por la estación de autobuses más cercana. Por mucho que algunas ciudades se esfuercen por disimular su sordidez (¿tiene ya San Sebastián una estación de verdad o sigue siendo una acumulación de paradas en medio de la calle?), las estaciones de autobuses son puertas directas al infierno. Sucias, oscuras, hostiles, imanes para individuos nada recomendables que vagan por ellas como si arrastrasen una condena eterna… Y eso son sólo los trabajadores. El resto de no viajeros son mucho peores.

Las estaciones de tren están solamente un escalón por encima en esa escala de perdición, pero las diferencias entre unas y otras van menguando con los años. Sí, las estaciones donde para el AVE tienen una pátina de respetabilidad, por así decirlo, pero basta llegar a una de ellas de noche (no muy tarde, basta que sean las diez) para comprobar cuán falsa es esa apariencia.

Aviones y Manhattan Skyline

Aeropuertos

Los aeropuertos son, en teoría, la elite de los centros de transporte público. Están muy lejos y hay que ir expresamente a ellos, lo que deja por el camino a vagabundos, ociosos y gente chunga en general; sus instalaciones son diáfanas y luminosas, con tiendas de lujo, multitud de establecimientos (también con precios de lujo), mucha seguridad… Viajar en avión (salvo las ofertas que luego no lo son tanto) no es barato, y todo lo que ves en un aeropuerto contribuye a esa sensación de exclusividad.

Una sensación de exclusividad que se perdió hace mucho tiempo. No recuerdo cómo era el mundo aeroportuario en el mundo pre-11S, pero ahora pasar por un aeropuerto es cada vez un poco peor. Sobre todo el paso por el control de seguridad.

Tienes, primero, las restricciones en el equipaje de mano, que incluyen la tontería de los líquidos (que te obliga a vaciar botellas de agua y dosificar los productos de aseo que llevas encima) y la soberana estupidez de tener que sacar de sus bolsas ordenadores y tablets. ¿Para qué os sirven exactamente los escáneres? ¿Qué veis ahí? (Esta idiotez la sufrimos por primera vez en San Diego, en 2010; yo saqué mi portátil, que es lo que pedía el cartel, y dejé mi recién comprado iPad en la mochila. Una empleada de la TSA me pegó una bronca por no haber sacado mi laptop; yo le señalé mi portátil y le dije que sí estaba fuera. Con muy malos modos me abrió la mochila y sacó el iPad. “Esto”, me dijo; “perdone, pero eso no es un portátil, es un iPad”. Han cambiado mucho las cosas en estos cinco años. No, yo tampoco entiendo cómo no me detuvieron). Ni en Sevilla ni en Madrid, por cierto, vimos carteles que advirtieran de lo de los cacharros, lo que hizo el paso por el control aún más largo.

Después, el arco de seguridad (nada de objetos metálicos) y el psicodrama de los zapatos (en el último viaje a EEUU sólo tenías que quitártelos si llevabas botas; ahora todo, aunque sean sandalias), lo que da lugar a la absurda estampa de una ristra de adultos quitándose y poniéndose complementos (si el cinturón es lo único que impide que tus pantalones acaben en el suelo la estampa es aún más cómica) que has puesto en bandejas en las que coexisten relojes, cinturones, carteras y zapatos. Todo muy higiénico, sí.

En el JFK de Nueva York pasamos, además, por otra humillación más: el fantabuloso escáner biométrico ese que te desnuda de cuerpo entero. Lo que me hace preguntarme, de nuevo, para qué demonios tenemos que quitarnos tantas cosas para pasar por el control si luego me van a escanear entera. ¿Para qué sirve ese escáner?

Sobrevolando España de noche

Todo esto se aplica a las personas normales, es decir, las que no llevan prótesis u otros objetos extraños que desaten la suspicacia de las fuerzas de seguridad. Por ejemplo, una faja ortopédica. Como la de mi marido. Le preguntaron por ella en Sevilla (explicó qué era y punto) y lo hicieron también cuando cogimos el vuelo de vuelta en el JFK (le preguntaron por qué la llevaba y si le dolería si se la quitaba; contestó que sí y pasamos sin problema). En Barajas no fue tan fácil. Pese a enseñar la receta de la faja al guardia civil que nos tocó, lo metió en un cuarto y le hizo quitarse la camisa para inspeccionarla.

Pero lo peor del trayecto en avión a Nueva York no fue eso, ni siquiera la horrible comida de Iberia, o el imbécil que se pegó todo el viaje de vuelta dándole golpes a la pantalla de detrás de mi asiento y no me dejó dormir (“es que no funciona”, me dijo cuando ya harta le recriminé su actitud. “Y si no funciona, ¿por qué sigue golpeándola”, le contesté. No hubo respuesta). No, lo peor fue la T4 de Barajas.

Volando hacia España

La T4 de Barajas

Los veteranos de Twitter recordaréis la coña general con Enrique Dans cada vez que tuiteaba aquello de “en la T4 de Barajas”. Si habéis pasado por allí y habéis tenido que enlazar vuelos quizás entendáis que es como hacer check-in en el Everest. Bueno, me he pasado. Dejémoslo en un sitio al que no es fácil llegar y del que no es aún menos fácil salir.

El primer error es pensar que la terminal 4 es un solo edificio. No. Son dos, el principal y uno adicional llamado Satélite (T4S). Si llegáis en un vuelo corto, apareceréis en la T4; si lo hacéis en uno largo, en la S. Si tenéis que pasar de uno a otro, preparaos para una buena caminata, porque los dos edificios son muy largos. Mucho. Y no, las rampas mecánicas que de vez en cuando aparecen no solucionan la absurda estructura de ambas terminales.

Interior del avión que nos llevó a EspañaCuando nos bajamos del primer avión (Sevilla-Madrid) tuvimos que caminar durante más de media hora (además de escaleras, un trenecito, más escaleras, más caminata) hasta llegar a la puerta de embarque del vuelo a Nueva York (por supuesto era la última puerta, tan lejos de la zona de restauración que no merecía la pena darse otro par de caminatas). En todo ese camino tienes, además, que pasar por un puesto de control de pasaportes. A la ida teníamos unas tres horas de espera entre uno y otro vuelo, así que no hubo demasiado problema.

A la vuelta sólo disponíamos de una hora para volver a hacer toda la caminata, escaleras, trenecito, más escaleras, más caminata, control de pasaportes y, ¡oh, sorpresa!, control de seguridad, con su vaciado de botellas, extracción de cacharros electrónicos, cinturones, zapatos y toda la pesca. Aquí, además, fue lo del cuartito con el guardia civil. Y cuando acabamos ahí todavía nos quedaba un buen rato de caminata.

¿Qué sentido tiene diseñar una terminal doble con edificios en la quinta puñeta uno del otro? ¿Qué sentido tiene hacer que los pasajeros tengan que caminar más de media hora para ir de una a otra (no quiero ni pensar lo que tardarán en hacerlo los que estén en peor forma que nosotros)? ¿Qué sentido tiene poner otro puñetero control de seguridad entre una y otra para los pasajeros que hacen transbordo?

No tengo respuesta para ninguna de esas preguntas. Lo que sí sé es el sentido de este larguísimo artículo: grabarme a fuego que jamás de los jamases debemos volver a pasar por Barajas. Si tenemos que hacer conexiones, ya nos buscaremos otro aeropuerto. Las otras veces que hemos ido a EEUU hemos usado el Málaga-Nueva York de Delta, pero en esta ocasión reservamos el viaje tarde y no quedaban plazas.

JFK Airport MapEl JFK

Como ejemplo de lo que es un aeropuerto razonable que no hace a sus pasajeros caminar y caminar y dar vueltas y más vueltas, tenemos el JFK, uno de los más importantes del mundo. El aeropuerto tiene 128 puertas de embarque divididas en seis terminales (la tres y la seis han sido demolidas en los últimos años).

Como íbamos con Iberia, llegamos y embarcamos por la siete. A la llegada, sales enseguida a la calle, cruzas para coger el AirTrain que lleva a la estación de metro y listo. A la vuelta, llegamos en coche, que nos dejó en la terminal siete. Entras y tienes la facturación de equipaje. Al lado, el control de seguridad, que es largo por todo lo que conté antes. Pasas el control, subes una escalera mecánica (una cortita) y ya estás en la zona de embarque. Las doce puertas se distribuyen de forma semicircular, así que están todas muy cerca, alrededor de la zona de tiendas y restauración. No caminatas, no trenecitos, no escaleras y más escaleras, no más caminatas. Mucho mejor así, ¿no? A nosotros nos gusta mucho andar cuando viajamos, pero no por un aeropuerto.

2 comentarios en “Aeropuertos

  1. Me has tranquilzado bastante con la estructura del JFK porque en el viaje que estoy organizando tengo un vuelo de Delta de Boston a San Francisco que hace escala en JFK, y sólo hay una hora de conexión. Espero que sea en la misma terminal (siendo los dos nacionales y de Delta) pero de no ser así veo que igual se puede llegar.

    Salimos desde Málaga con Delta, por cierto, directo a Nueva York. Sin pisar la mardita T4!!!

    Le gusta a 1 persona

    1. Ese vuelo es genial, al menos lo era la última vez que lo cogimos, jeje. Con Delta hemos ido para allá en 2008 y en 2010, y sin problemas. Eso sí, la segunda vez, que enlazamos en NY con otro vuelo a San Francisco, sí que nos marearon un poco.

      Según veo en su web (https://www.delta.com/content/www/en_US/traveling-with-us/where-we-fly/destinations/featured-locations/new-york-city/our-new-home-at-jfk.html) tienen dos terminales, la 2 y la 4. Me imagino que una será para los vuelos internos y otra para los internacionales. Espero que sea así y no tengáis que dar demasiadas vueltas…

      La T4 es el MAL.😛

      Gracias por pasar por aquí🙂

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