En el corazón de Google

Hace un año andábamos mi santo esposo y yo por tierras californianas, un viaje largo, cansado y apasionante cuyo relato empecé a contar por aquí y que, como suele pasarme, no terminé de escribir (tengo un par de borradores por ahí que espero rematar, aunque no prometo nada). En ese viaje, aparte de por San Francisco, Los Ángeles, Las Vegas y la Comic Con de San Diego (que comienza justo ahora), pasamos por Silicon Valley, donde estuvimos en el Infinite Loop de Apple en Cupertino (y en su tienda, en la que Contradictorio se compró, entre otras cosas, esta camiseta y esta taza), y por Mountain View, donde se encuentra la sede de Google. Cuando escribí sobre aquello mi esposo aún no había subido el vídeo que grabó en los jardines de Google. Ya lo ha hecho:

José Luis Perales en California

Anoche, no recuerdo por qué, mi santo esposo se pasó por Vicisitud y sordidez para, después de leer la crónica del Gran Premio de Canadá (y un par de cosas más, porque cada vez que uno entra ahí acaba atrapado por una espiral infinita de lo que su propio título promete), pasarse por el post épico (este es uno de esos casos en los que las palabras se quedan cortas; la carga semántica de épico no alcanza ni de lejos a expresar la magnitud del despropósito) en el que Paco Fox analiza la discografía completa de José Luis Perales. Con dos cojones.

Y es entonces cuando Contradictorio se acuerda de uno de los (muchos) vídeos surrealistas que grabó durante el ya lejano (y aun así todavía no he terminado la serie de posts sobre el tema, que ya me vale) viaje a California (y Las Vegas). Íbamos por medio del desierto, rumbo a Los Ángeles por la carretera más aburrida del mundo, cuando en la radio comenzó a sonar ¿Y cómo es él? Y, claro, él inmortalizó ese momento único: José Luis Perales en California. Este es el documento audiovisual. Tranquilos, que no nos ponemos a cantar:

Los Ángeles (y Hollywood) – cuarta parte

Último día de nuestra estancia en Los Ángeles antes de continuar viaje hacia Las Vegas. En principio, con una agenda algo menos apretada que la de otros días, pero aun así el hecho de que fuese domingo lo hizo todo un poco más difícil.

El Observatorio Griffith

La primera parada del día fue el Observatorio Griffith, situado en el parque del mismo nombre (redefine el concepto de parque, como Central Park, que se queda a la altura de un jardincito para niños comparado con éste). Su emplazamiento ofrece unas vistas espectaculares de la ciudad (y del huidizo cartel de Hollywood, por cierto). Hollywood, desde el Observatorio Griffith

Péndulo de Foucault

El observatorio en cuestión dispone de su correspondiente telescopio y numerosas salas expositivas que ilustran de forma didáctica (y con instalaciones en algunos casos espectaculares) diversos aspectos de la Astronomía, la Física y la historia de nuestro planeta. Y por si todo esto fuera poco, tiene una estatua de Albert Einstein sentado en un banco con la que te puedes hacer fotos y una sala de proyecciones llamada Leonard Nimoy.

Después fuimos a La Brea, un conjunto de pozos de alquitrán (en activo, aunque no sé si la expresión es aquí correcta) en los que han quedado atrapados a lo largo de los siglos numerosos animales y plantas. Los mamuts que hay sobre los pozos son réplicas de unos reales a los que les pasó eso y que se conservan en el museo que hay en el recinto.

Y desde allí, de vuelta a nuestra autopista favorita, la CA 101 (al menos era la favorita de la tipa que nos hablaba desde el GPS, porque siempre nos metía por ella), para dar una vuelta por Pasadena y, entre otras cosas, pasar por el CalTech. Evidentemente, no vimos a Sheldon (ni a Leonard, Howard o Raj), y tampoco pudimos entrar, porque era domingo (como nos hicieron saber unos amables -no va con segundas- guardias de seguridad que nos interceptaron mientras dábamos vueltas más perdidos que el barco del arroz). Pero sí nos hicimos una foto:

Antes de dejar la ciudad, tomamos un café en lo que parecía ser la calle principal de la localidad, pero no pudimos preguntar por el iPad porque pillamos la tienda Apple cerrada. De vuelta a Los Ángeles, conocimos un verdadero atasco de domingo por la tarde-noche (creo que no volveré a quejarme de los pollos que se forman por aquí cuando vuelve la gente de las playas) y lo insensato que es intentar ir en coche en esas condiciones a la playa de Santa Mónica. Otra vez será.

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Previously, en Eustaquienses en California (y Las Vegas):

La mochila que no quería volver a casa
San Francisco
La Bahía de San Francisco y Silicon Valley
Los Ángeles (y Hollywood) – primera parte
Los Ángeles (y Hollywood) – segunda parte
Los Ángeles (y Hollywood) tercera parte

Los Ángeles (y Hollywood) – tercera parte

Tras el ajetreado y caluroso viernes (nos dio el sol a base de bien y olvidamos ponernos protector, así que nos quemamos un poco), dedicamos la mañana del sábado a algo mucho menos glamouroso y divertido pero que en cierto modo completaba nuestra experiencia americana: hacer la colada.

En el Hilton (en el post anterior se me olvidó hablar del regalo de bienvenida, que es ese lote de la foto; la manzana del fondo estaba recubierta con chocolate y pizquitas dulces de colores; un invento) lavar una camisa, cada una, costaba 18 pavos, así que nos fuimos a una lavandería de monedas para lavar la ropa (sí, como las de las películas, aunque ahí acaba la emoción, porque pasar la mañana viendo cómo tu ropa da vueltas en una lavadora y luego en una secadora no tiene nada de emocionante).

Kodak TheatreHollywood & Highland

Por la tarde, con la ropa ya limpita, nos fuimos a dar una vuelta por Hollywood. Como ya dije el otro día, el tema del aparcamiento por la zona es complicado, así que aquí va un consejo: ignorad los parkings que te piden diez dólares por dejarlo en un solar y meteos directamente en el del centro comercial Hollywood & Highland. Con cualquier ticket de compra (incluso de un café) de cualquiera de sus tiendas puedes aparcar, a cubierto y con seguridad, cuatro horas por dos dólares. El centro comercial (que tiene hotel, spa y otras comodidades que no probamos) se articula en torno a una plaza difícil de describir, así que sólo diré que homenajea a Intolerancia, de Griffith. Sí, es excesiva. Desde allí también se puede ver el letrero de Hollywood, aunque algo lejos.

HollywoodJusto al lado, en la misma manzana, está el Teatro Kodak. No diré que en la tele se ve más grande, pero sí que se ve diferente cuando lo tienes delante. Además, por la tele se ve siempre cuando está engalanado para los Oscar y eso, quieras que no, ayuda (hasta nuestra casa luciría mucho mejor si la tuneasen así). Por delante del teatro (y mucho más allá, hacia un lado y hacia el otro) discurre el Paseo de la Fama. Mientras hacía fotos a la fachada del teatro pensé en buscar un mapa con la localización de las estrellas porque si no encontrar la de Harrison Ford (una tiene sus prioridades) iba a ser un infierno. Entonces me dio por mirar a mis pies, y allí estaba. Si eso no es una señal… (¿de qué? Ni idea). Sí, los de la foto son mis pies, aunque también le hice alguna limpia.

A sus pies (bueno, a los míos)

Mientras seguíamos caminando nos topamos con la de William Shatner, y también se llevó su foto. Contradictorio se extrañó de que llevase el icono de la televisión y no el del cine. Le miré y le dije que si William Shatner merecía una estrella no era precisamente por su lamentable carrera cinematográfica.

ShatY así llegamos hasta el Teatro Chino, sobre cuya entrada se agolpaba una multitud que hacía imposible no ya sacar fotos, sino ver siquiera quiénes habían estampado allí sus huellas y sus firmas. Nada más entrar está la tripulación del Enterprise.

Las firmas del 'Enterprise'

Y muy cerquita, el lote galáctico, con C3PO, R2D2 y Darth Vader por un lado, Harrison Ford por otro y George Lucas y Steven Spielberg en una tercera loseta.

C3PO, R2D2 y Darth Vader

Aparte de ellos, allí está casi todo el mundo: Clark Gable, Gary Cooper, John Wayne, Jimmy Stewart, Gloria Swanson, Sylvester Stallone, Clint Eastwood, Jack Lemmon (junto a Shirley MacLaine; Walter Matthau está en la otra esquina; lástima), Yul Brynner y Deborah Kerr («el rey y yo», escribió ella), Sean Connery…

[Una muchacha me pidió que le sacase una foto junto a las huellas de Sean Connery, y lo hizo como disculpándose porque le gustase. Si yo te contara, pensé yo…]

Tras una parada en una tienda llamada Hollywoodland Experience, donde yo me compré esta taza y Contradictorio esta camiseta, y otra en un Starbucks para sellar el ticket del parking, nos fuimos, de nuevo, rumbo a Mulholland Drive en busca del dichoso letrero de Hollywood. De nuevo, fracasamos.

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Previously, en Eustaquienses en California (y Las Vegas):

La mochila que no quería volver a casa
San Francisco
La Bahía de San Francisco y Silicon Valley
Los Ángeles (y Hollywood) – primera parte
Los Ángeles (y Hollywood) – segunda parte

Los Ángeles (y Hollywood) – segunda parte

UniversalNuestro primer día completo en Los Ángeles lo pasamos en el parque Universal, que, como ya dije, estaba muy cerquita de nuestro hotel. Al lado del parque en sí está el llamado CityWalk, un centro comercial abierto con cines, restaurantes, bares y discotecas, un multicines y un escenario para conciertos que literalmente se abarrota de gente por la noche. Como es habitual, hay varios tipos de entradas para el Universal: el pase anual, el all you can eat, el pase de un día (que vale también para el siguiente) y el Front of the Line. City Walk

El pase Front of the Line es caro (139 dólares) pero, si solamente vas a ir un día, en temporada alta, y no te apetece pasar horas (literalmente) haciendo colas para subirte a alguna atracción o para hacer el tour del estudio, como era nuestro caso, es la opción más recomendable, porque te subes a todo el primero. Además, nosotros las compramos en el hotel (en las taquillas del parque son aún más caras), así que nos ahorramos otra cola más.

Luces, cámara, acciónEn el parque hay entretenimiento para todos los gustos. Atracciones de Los Simpson, Bob Esponja, Shrek, Terminator, un espectáculo de Waterworld (parece que hay alguien que sí está ganando dinero con la película)… y eso sólo en la planta superior, en la que también está La casa del horror de la Universal, a la que Contradictorio quería entrar (y yo también, pero menos porque soy un poco aprensiva) porque pensaba que era una especie de exposición sobre los monstruos de la casa. Pero no era eso. Era una casa del terror con pasillos oscuros, música estridente y gente pintarrajeada y con pinta asquerosa que se te tiraba encima detrás de cada esquina. Y todos venían a por mí. No fue una buena experiencia. Tampoco lo fue para un chaval (unos 15 años, calculo) que iba delante nuestra y que tenía tanto miedo que iba con los ojos cerrados y los oídos tapados mientras su madre lo guiaba hacia la salida. En la parte de arriba también está el Special Effects Stage, un espectáculo muy divertido sobre, como su propio nombre indica, efectos especiales, en el que sus presentadores te enseñan trucos de ayer y de hoy con la colaboración de parte del público, que se presta a hacer el tonto subidos a un barco de cartón o a colgarse de una cuerda vestidos de astronautas. Pero la mejor parte está en el sector inferior, al que se llega después de unos cuantos tramos de escaleras mecánicas. En un receso entre una y otra hay una réplica de la cápsula del Apolo XIII (de la peli en cuestión), con unos Tom Hanks, Bill Paxton y Kevin Bacon en cartón. En el sector inferior hay una exposición sobre la historia del estudio, con elementos de atrezzo, guiones, partituras, vestuario, cartelería y otros artilugios, atracciones de Parque Jurásico, The Mummy y el tour del estudio. Jurassic Park

Nunca me han gustado demasiado las atracciones, ni en parques ni en ferias, pero en la de Parque Jurásico disfruté muchísimo. No tiene mucha historia, pero me encantó. Es un paseo en barca por el supuesto parque, con dinosaurios mecánicos, muchos de los cuales te van echando chorritos de agua que agradeces en un día tan caluroso como aquél. Hasta que llegas al tramo final. Ves el muro por el que se despeña el jeep en el que va el niño de la película, ves caer un coche por él (pero no a Sam Neill, lástima), y la barca/vagoneta empieza a subir por un túnel en cuya cúspide espera la cabeza de un Rex. Cuando la pasas, la barca cae por una empinada rampa en la que, mientras bajas, te tiran encima una cascada. Sí, sales chorreando. Tan bien me lo pasé (y tanto me gustó el refrescante remojón) que por la tarde nos volvimos a subir. Lo más gracioso es que la segunda vez nos mojaron mucho más que la primera. La otra gran atracción del sector inferior es Revenge of The Mummy. En pocas palabras, un buen meneo que te deja la cabeza del revés.

Y así llegamos al tour, un recorrido de 45 minutos en autobús (con guía; también en español, para el que lo prefiera) por el estudio en el que pasamos por el motel de Norman Bates y su hogar familiar:

Bates MotelY por decorados que hemos visto en cientos de películas, modificados una y otra vez para que no se note tanto:

Studio TourTambién te ofrecen su propia versión de La Momia, con un túnel en el que parece que desciendes en espiral hacia el inframundo; la experiencia de un terremoto, en una estación de metro que se viene abajo con los temblores; y el nuevo King Kong 3D (bastante impresionante la sensación de estar en medio de una pelea entre el simio y varios dinosaurios, y bastante bien conseguida, entre las gafas y los meneos que le dan al autobús). Durante el paseo también vemos el 747 real que compraron y destrozaron para La guerra de los mundos.

'War of the Worlds' set[Si queréis ver el resto de las fotos del parque, podéis hacerlo en Flickr]

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Previously, en Eustaquienses en California (y Las Vegas):

La mochila que no quería volver a casa
San Francisco
La Bahía de San Francisco y Silicon Valley
Los Ángeles (y Hollywood) – primera parte