‘Contactos’ en LinkedIn

Ignoro qué uso hacen otras personas de LinkedIn, pero para mí es básicamente un repositorio online de mi currículum por si a alguien le da por buscarme y, quién sabe, ofrecerme un proyecto o un trabajo mejor o al menos diferente del que tengo (no, eso no ha ocurrido —aún, no pierdo la esperanza—). Como no uso este servicio como red social propiamente dicha, más allá de publicar el enlace a algún artículo que escriba aquí o allá, no tengo demasiados escrúpulos a la hora de aceptar a quien me pide que me una a su red de contactos.

Aparte de algún mensaje poco interesante recibido en el programa de mensajería del servicio, no he tenido ningún problema con nadie. Hasta ahora.

Ayer inicié sesión, no recuerdo para qué, y me encontré unas cuantas invitaciones. Sin pensarlo demasiado, las acepté. Hoy recibo en mi correo personal, no en el interno de LinkedIn, este mensaje, que pego tal cual, sin corregir nada:

«Hello Pretty

How are you doing today? Thanks for accepting my connection request on Linkedin. I was actually searching for an acquaintance when i came across your profile. I must confess you are pretty and this is me being honest and not just mere flattery .I hope no offence is taken , i understand Linkedin is a business networking medium and not a dating or social networking website and i don’t intend to use it for one

You caught my eye, I am interested in communicating more and sharing more about me with you and hope to learn more about you too that is if you are single and interested in communicating further. I do believe everything is possible if we put our mind and heart together just like i believe that good things can be found in the least places.

I hope to get your response and i will write back to tell you more about me and share more recent pictures of me.»

Por mucho que digan mi marido, mi abuela y, en su momento, mi madre y mi abuelo, una tiene espejos en casa, así que de entrada desconfía de cualquier extraño que se dirija a ella como «pretty». El resto del correo me da tanta grima que prefiero ni comentarlo.

Ni que decir tiene que este señor está bloqueado y reportado. Tal vez deba, a partir de ahora, tener más cuidado y no aceptar invitaciones tan alegremente. Porque una cosa es que me dejen mensajes poco interesantes en un sitio en el que apenas entro y otra que me molesten en mi correo electrónico. Y espero que este individuo capte el mensaje de mi silencio y no se atreva a mandarme fotos, como anuncia…

Regalos de aniversario

Taza y camiseta de 'Doctor Who' y pañuelo de 'Sherlock'

Entre los proyectos antiguos, los nuevos y el jaleo cotidiano general tenía pendiente compartir por aquí los regalos que mi no-santo esposo me hizo por nuestro decimosexto aniversario juntos (¡16 años!).

Tres frikadas BBC style, inspiradas por dos de nuestras series favoritas, Sherlock y Doctor Who (esta cada vez menos favorita, todo hay que decirlo).

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Carteros

U S Post Office 97909
(Oficina de Correos de Jamieson, Oregon, todavía operativa cuando Laura Gilmore tomó esta foto, en 2009)

Nuestro cartero pasa por la calle casi a diario. No todos los días nos deja cosas, pero como viene en moto le escuchamos cuando viene. Un día dejó de hacerlo. Pensamos que estaría enfermo y, como no esperábamos nada urgente, no nos preocupamos. Pasó una semana y nada. Cuando hacía casi dos semanas que no sabíamos nada de él, pregunté en varios grupos de vecinos del pueblo en Facebook si alguien tenía problemas con el correo. El hilo se llenó de gente que decía que para ellos lo normal es que vaya una o dos veces al mes, como mucho, y que es habitual que notificaciones de pagos, médicos y cuestiones similares les lleguen con retraso, tanto como para perder citas con especialistas y otras cosas.

Pero nadie había pensado en poner una queja. Para ellos eso era lo normal, así que asumían que el servicio de Correos era malo, y punto.

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Cucarachas

No, no voy a poner una foto de esos bichejos asquerosos. Prefiero poner una de estos otros:

Foto: Otter Kiss Nicely, de Queenselphie en deviantART

Mucho mejor así, ¿verdad?

Bueno, a lo que íbamos: Cucarachas.

La otra noche, mientras perseguíamos por el salón una de estas repugnantes criaturas, que nos obligó a pausar la película que estábamos viendo (X-Men 2, con Xavier y Magneto en la prisión de plástico del segundo, para más señas), me dio por pensar en por qué las cucarachas se empeñan en entrar en las casas, aun sabiendo que lo más normal es que su aventura termine mal.

A ver si me explico. Sin mencionar a los depredadores naturales que tendrán estos seres, que alguno habrá que se los coma (la otra noche presencié cómo una lagartija perseguía a una, pero no vi el desenlace de la historia), ¿cuántas cucarachas habremos eliminado los seres humanos desde que el mundo es mundo? ¿Cuántos millones de estos bichos nos hemos cargado? Porque cada adulto medio fijo que ha despachado unas cuantas a lo largo de su vida, ya sea con ataques directos (lo que viene a ser espachurrar al bicho) o indirectos (trampas insecticidas, por ejemplo, que las pones sin saber realmente cuál es su alcance o su efectividad).

Y aun así, estos bichos, supuestamente muy duros (eso que dicen de que serían los únicos supervivientes en caso de catástrofe nuclear) e imagino que no totalmente estúpidos, se lanzan una y otra vez al interior de las casas de los seres humanos.

Creo que la pregunta es pertinente: ¿por qué?

¿Por qué lo siguen intentando? ¿No se dan cuenta de que las que se aventuran rara vez regresan? ¿Por qué vuelven, una y otra vez? A lo mejor no entienden de estadísticas ni probabilidades, ni se fijan en qué hacen las exploradoras ni están pendientes de su regreso (ni de si éste se produce o no). A lo mejor piensan que, tal vez, los humanos de esa casa no las verán, o no serán capaces de atraparlas, o no tendrán insecticidas ni objetos contundentes con que aplastarlas.

A lo mejor todo forma parte de un ritual de iniciación que los ejemplares más jóvenes deben superar para ser considerados miembros de pleno derecho del grupo. A lo mejor todo es una estupidez que surge de algo tan tonto como el clásico ‘no hay huevos’. O a lo mejor esa osadía suicida forma parte de un plan mucho más elaborado del que (todavía) no tenemos ni idea…

Mejor pensar que son simplemente idiotas, ¿no?

«Only lies have detail»

Many happy returns

«Only lies have detail»

Sherlock Holmes (Benedict Cumberbatch) / Sherlock, season 3, Many happy returns

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Sólo las mentiras tienen detalles. Cuando vi el miniepisodio que precedía a la tercera temporada de Sherlock no pude evitar fijarme en esa frase y acordarme enseguida de alguien muy cercano que me demuestra, casi a diario, lo cierta que es.

Describir a alguien como un mentiroso patológico puede sonar exagerado, pero en este caso me quedo corta. El individuo del que hablo miente a todo el mundo, sobre cualquier cosa y desde siempre. Y no sólo cuando es necesario (hay mentiras necesarias, por una u otra razón, mentiras con un propósito, o con las que se pretende conseguir algo), sino por sistema. Le he visto hacerlo con mucha gente (conocidos, desconocidos, amigos, familiares…), y no tengo la menor duda de que conmigo lo hace cada dos por tres.

Lo más fascinante es su capacidad de inventiva. Pergeña trolas elaboradísimas sobre la marcha, con un detalle a veces escalofriante. En El signo de los cuatro, de sir Arthur Conan Doyle, el narrador John Watson dice de Sherlock Holmes algo así como que es una suerte que una mente tan privilegiada como la de su compañero trabaje en favor de la Justicia y no en su contra. Creo que en este caso se podría decir lo mismo, aunque, a diferencia de Watson, ni siquiera tengo la certeza de en qué equipo juega este mentiroso compulsivo.

Sí sé, como dice Sherlock en la cita de arriba, que cuantos más detalles añade a una historia más probable es que sea falsa. Me pregunto en cuántas cosas me habrá mentido.

Tan eficaz es en ocasiones en sus fabulaciones que termina por creer como ciertas muchas de ellas, lo que le ha acarreado (a él y a quienes le rodean) más de un problema. Y para completar el cuadro, también hay sitio en su enfermiza mente para imaginar conversaciones con quienes conoce. Con tanta firmeza y, una vez más, detalle, que no es raro que crea haber mantenido en efecto dichas conversaciones. A veces cuesta convencerle de lo contrario…