Nueve años

Nueve años ya sin mi abuelo. No diré que parece que fue ayer, porque no es verdad, pero tampoco parece que hayan pasado ya nueve años. Sigue doliendo, por suerte no tanto como entonces, y por supuesto sigo echándole de menos.

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Candelabro en el Duomo de Florencia

Feliz cumpleaños, mamá.

Sadness

Just let people be sad, by Tatum Fjerstad

[…] This suggests that sadness needs to be explained. It also implies that sadness isn’t socially acceptable and grieving is something people should keep to themselves. Why? Am I unique in thinking that this is kind of fucked? When we’re in our sadness, most of us need the non-judging help, support and love of others to navigate that painful place.

When our friends come to us when they’re sad, why don’t we feel honored that they trust us with such a vulnerable emotion? Why don’t we hold space for them to be whatever they are for as long as they need to be? Why do we think we need to fix them?

[…]

Don’t tell your sad friend that she’s too sad. Don’t tell her that she needs to snap out of it. Don’t tell her that she’s too negative or that she just needs to flip her perspective. She needs to get to that place on her own. She needs to know that you’re there for her because you care. Period.

[…]

You can disagree with some one else’s sadness, but keep that to yourself. You don’t get to decide what justifies pain in another person’s life. When you can, be there for your friends by listening to them, hearing them and seeing them for what they are: human beings with a vibrant range of completely acceptable emotions. They are ultimately responsible for themselves and they will figure it out someday, but it’s not going to be because you told them to cheer up or gave them some “at least” hypothetical.

[…]

Just let people be sad. Sad isn’t wrong or bad. It hurts like hell, but you wouldn’t know pleasure if it weren’t for pain. Okay? Okay.”

Sobre la Ley de Dependencia

Para los que tengáis la suerte de no saber cómo va eso de la Ley de Dependencia, os hago un pequeño resumen de mi experiencia (esto es en Andalucía, es probable que en otros sitios sea diferente).

Lo primero que hay que hacer, claro, es presentar los correspondientes formularios de solicitud. Tiempo después te llega una carta en la que dan por recibida la solicitud y te avisan de que irá un señor (o señora) a tu casa a evaluar al aspirante a dependiente. Tiempo después se produce esa visita. Ven al afectado en cuestión, a quien se encarga de cuidarle, la vivienda, etcétera. Tiempo después te envían otra carta con el veredicto: si el solicitante es o no considerado dependiente y, de serlo, qué grado de dependencia se le otorga (en función de su estado se dictaminará a qué tipo de ayuda tiene derecho). Si el veredicto es favorable (es decir, que se admite que tiene derecho a la ayuda), tiempo después se hace efectiva esa ayuda, normalmente en forma de persona que aparecerá por casa unas horas determinadas a la semana a ayudar en el cuidado del dependiente.

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Los regalos de mi hermano

Los regalos de mi hermano

Como este año me toca trabajar el día de Reyes, hemos adelantado el intercambio de regalos en mi familia cordobesa. Lo de arriba es lo que mi hermano me ha regalado este año: un molde precioso (tanto que da hasta cosita usarlo, aunque lo haré) para hacer magdalenas, una botella ilustrada con la Princesa Leia (versión esqueleto) y el libro La vida según Sheldon, que parte del personaje de la serie The Big Bang Theory para desplegar (por lo que he podido hojear) una amplia y completa colección de frikadas varias. Y, como sabéis, en esta casa nos encantan las frikadas, así que todo nuevo material es siempre bienvenido.

Los lectores más veteranos de este blog quizás echen de menos el elemento Bob Esponja. Aunque sí que ha habido pijama este año (ha sido mi abuela la que me lo ha regalado, no mi hermano), esta vez no era de Bob Esponja. Lástima

PD: Mis regalos para mi hermano han sido, me temo, mucho más prosaicos. Sin embargo, creo que la mesa (desmontada) de Ikea que le he comprado puede que le dé un ratito de diversión.