Postales de Nueva York (II): Grand Central

Grand Central Terminal, New YorkGrand Central Terminal, New York
Se la llama a menudo Grand Central Station, pero en realidad su nombre oficial es Grand Central Terminal. La Station es la oficina de Correos situada junto a este precioso edificio, parada final de las líneas ferroviarias que a ella llegan (de ahí lo de terminal; si fuese una parada de paso sí sería una estación). Esta maravilla arquitectónica, que habréis visto en infinidad de películas (desde la infravalorada El rey pescador hasta esa reurbanización masiva de Nueva York que es la primera entrega de Los Vengadores), está situada en la calle 42, en pleno Midtown de Manhattan y rodeada de rascacielos.

Y a punto estuvo de ser enterrada por ellos. Su destino iba a ser el mismo que el de la todavía más hermosa Penn Station, demolida y convertida en una maraña infernal subterránea sobre la que hoy en día se erige el Madison Square Garden. Pero al menos la destrucción de la estación de Pennsylvania sirvió para algo. La indignación que despertó en muchos neoyorquinos (y ciudadanos de todo el país, algunos tan ilustres como Jacqueline Kennedy) inspiró la New York City Landmarks Preservation Commission, una institución encargada de proteger el patrimonio histórico de la ciudad del urbanismo desenfrenado. Una de sus primeras decisiones fue declarar Grand Central como landmark, lo que la salvó de las excavadoras.

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Postales de Nueva York (I): La Biblioteca Pública de Nueva York y Bryant Park

Biblioteca Pública de Nueva York (New York Public Library)Aunque dispone de casi un centenar de emplazamientos por Manhattan, el Bronx y Staten Island, cuando se habla de la Biblioteca Pública de Nueva York se piensa en eso de la foto de arriba, el edificio Stephen A. Schwarzman de la Quinta Avenida de Manhattan cuya entrada custodian orgullosos los leones Patience y Fortitude.

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Aeropuertos

Nueva York y Manhattan desde el avión

No sé si será por mi (por desgracia, muy domesticado ya) espíritu aventurero, por mi innata insatisfacción (con frecuencia preferiría estar en cualquier otro lugar, haciendo cualquier otra cosa) o porque, simplemente, hay días (semanas, meses) que el deseo (la urgencia) de escapar de todo solamente se ve refrenado por las implacables facturas que me obligan a trabajar para apaciguarlas.

Da igual el motivo. Cada vez que veo un avión sobrevolándome la cabeza pienso en huidas, aventuras, posibilidades. A menor escala, cada vez que me cruzo a alguien que acarrea maletas me pregunto adónde irá, de dónde vendrá (probablemente irá o volverá de visitar a la familia; nada emocionante) y rememoro viajes pasados y fabulo sobre hipotéticos viajes futuros.

Nada para romper ese ensueño viajero como pasar por un aeropuerto.

Aunque las estaciones de autobús y de tren tampoco se quedan atrás.

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En el corazón de Google

Hace un año andábamos mi santo esposo y yo por tierras californianas, un viaje largo, cansado y apasionante cuyo relato empecé a contar por aquí y que, como suele pasarme, no terminé de escribir (tengo un par de borradores por ahí que espero rematar, aunque no prometo nada). En ese viaje, aparte de por San Francisco, Los Ángeles, Las Vegas y la Comic Con de San Diego (que comienza justo ahora), pasamos por Silicon Valley, donde estuvimos en el Infinite Loop de Apple en Cupertino (y en su tienda, en la que Contradictorio se compró, entre otras cosas, esta camiseta y esta taza), y por Mountain View, donde se encuentra la sede de Google. Cuando escribí sobre aquello mi esposo aún no había subido el vídeo que grabó en los jardines de Google. Ya lo ha hecho:

José Luis Perales en California

Anoche, no recuerdo por qué, mi santo esposo se pasó por Vicisitud y sordidez para, después de leer la crónica del Gran Premio de Canadá (y un par de cosas más, porque cada vez que uno entra ahí acaba atrapado por una espiral infinita de lo que su propio título promete), pasarse por el post épico (este es uno de esos casos en los que las palabras se quedan cortas; la carga semántica de épico no alcanza ni de lejos a expresar la magnitud del despropósito) en el que Paco Fox analiza la discografía completa de José Luis Perales. Con dos cojones.

Y es entonces cuando Contradictorio se acuerda de uno de los (muchos) vídeos surrealistas que grabó durante el ya lejano (y aun así todavía no he terminado la serie de posts sobre el tema, que ya me vale) viaje a California (y Las Vegas). Íbamos por medio del desierto, rumbo a Los Ángeles por la carretera más aburrida del mundo, cuando en la radio comenzó a sonar ¿Y cómo es él? Y, claro, él inmortalizó ese momento único: José Luis Perales en California. Este es el documento audiovisual. Tranquilos, que no nos ponemos a cantar: