¿Qué es eso de San Eustaquio?

Este blog nació, allá por 2008, como un sitio en el que contar las vicisitudes de la preparación de mi boda con mi (todavía, quién lo diría) ahora marido. Durante los meses previos al enlace fui contando por aquí tonterías sobre invitaciones, peinados, vestidos y demás cosas moñas que suelen rodear los enlaces matrimoniales, pero siempre buscando sacar una sonrisa a quien pasase por aquí. Quiero pensar que conseguí alguna que otra.

El blog se titulaba originalmente El día de San Eustaquio, uno de los santos del día que escogimos (o nos escogieron, más bien) para casarnos. El tal San Eustaquio, para los interesados en esas cosas, es uno de los 14 santos auxiliadores y se le invoca en las disputas familiares (si sois asiduos sabréis que igual tendría que pensarme lo de invocarlo). El hombre se convirtió al cristianismo al ver correr hacia él a un ciervo con una cruz entre sus cuernos mientras una voz le preguntaba “¿por qué me persigues?” (eso dicen al menos las crónicas). Tras su conversión, fue perseguido, torturado y sacrificado.

Una vez pasado el bodorrio, decidí seguir adelante con el blog (a partir de entonces ya sólo San Eustaquio), que se convirtió en un batiburrillo en el que publico las tonterías que se me ocurren y que me sirve, aparte de para desahogarme y ahorrarme unas cuantas visitas al psicólogo, de complemento a lo que escribo en mi otro blog, Cosas de Babel.

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