Mis otras vidas (bis)

“Formo parte de una comunidad de vecinos de Central Park Oeste (ya quisiera yo) […] Fui miembro del comité organizador y responsable del transporte y cuidado de los ponentes de un ciclo sobre historia militar al que asistían participantes con nombres tan sugerentes como “Teniente Coronel Sandokán Ramírez”. […] He recibido cartas de despido y liquidaciones de empresas de países en los que nunca he estado. […] Tengo al menos cuatro hijos (según los centros educativos que se han puesto en contacto conmigo hasta ahora)…”.

Hace unos meses recopilé todos esos correos que no son para mí (y que tampoco son propiamente spam) pero que terminan en mi bandeja de entrada, y traté de imaginar cómo serán las vidas de esas personas que se llaman como yo. Lo titulé Mis otras vidas, y allí contaba, entre otras cosas, que según esos correos tengo hijos en Valencia, Cataluña, Madrid y otro sitio por determinar. Al parecer cuatro hijos que no son míos no eran suficientes. Faltaba un quinto. Éste se llama Michael y tiene problemas de comportamiento. Es curioso que a ninguno de mis no-hijos les vaya bien en el colegio. Tal vez sea una señal.

Esto es lo que dice el último correo que he recibido:

I am contacting you to follow up on a behavior sheet that was sent home with Michael on 1/30/15 for disruption during class. During class he was arguing with another student became angry and broke classroom material (coloring pencil). A behavior sheet was sent on 1/30 when the incident occured but it has not been returned. Please contact me at your earliest convenience. My planning hour is 9:30- 10:15am. Thanks you for you assistance.

Dejando a un lado que un profesor (o director o lo que sea, pero trabajador de un colegio al fin y al cabo) debería saber escribir (lo he pegado tal cual), ¿todo este lío porque el crío ha roto un lápiz? ¿En serio? Anda que no rompíamos cosas en clase en mis tiempos cuando nos enfadábamos. Te dejaban sin recreo y andando. Y en colegio de monjas, que conste. De hecho, eso de romper algo cuando estás discutiendo con otro niño me suena a algo que yo habría hecho. A algo que es más que probable que hiciera. Al menos un par de veces. A lo mejor el tal Michael sí que es hijo mío…

Regalos de aniversario

Taza y camiseta de 'Doctor Who' y pañuelo de 'Sherlock'

Entre los proyectos antiguos, los nuevos y el jaleo cotidiano general tenía pendiente compartir por aquí los regalos que mi no-santo esposo me hizo por nuestro decimosexto aniversario juntos (¡16 años!).

Tres frikadas BBC style, inspiradas por dos de nuestras series favoritas, Sherlock y Doctor Who (esta cada vez menos favorita, todo hay que decirlo).

El primero es este pañuelo de Sherlock, oficial, con un diseño que recuerda al de las bufandas que lleva en la serie el detective (que no viene incluido, por desgracia…).

Un pañuelo de 'Sherlock'

Seguimos con esta genial camiseta que incluye una Tardis, un destornillador, un ángel y el famoso Timey Wimey.

Wibbly Wobbly Timey Wimey... Stuff

Y para terminar, una taza de mi segundo Doctor favorito, David Tennant. El primero es Tom Baker, el cuarto, mi Doctor.

Taza - 'Doctor Who' - David Tennant

Taza - 'Doctor Who' - David Tennant

Taza - 'Doctor Who' - David Tennant

No está nada mal el botín, ¿no?

Sobre la Ley de Dependencia

Para los que tengáis la suerte de no saber cómo va eso de la Ley de Dependencia, os hago un pequeño resumen de mi experiencia (esto es en Andalucía, es probable que en otros sitios sea diferente).

Lo primero que hay que hacer, claro, es presentar los correspondientes formularios de solicitud. Tiempo después te llega una carta en la que dan por recibida la solicitud y te avisan de que irá un señor (o señora) a tu casa a evaluar al aspirante a dependiente. Tiempo después se produce esa visita. Ven al afectado en cuestión, a quien se encarga de cuidarle, la vivienda, etcétera. Tiempo después te envían otra carta con el veredicto: si el solicitante es o no considerado dependiente y, de serlo, qué grado de dependencia se le otorga (en función de su estado se dictaminará a qué tipo de ayuda tiene derecho). Si el veredicto es favorable (es decir, que se admite que tiene derecho a la ayuda), tiempo después se hace efectiva esa ayuda, normalmente en forma de persona que aparecerá por casa unas horas determinadas a la semana a ayudar en el cuidado del dependiente.

En realidad esta última parte no la he vivido de primera mano. La experiencia que tengo termina en la carta con el veredicto.

Como os podréis imaginar, una de las claves de ese largo proceso burocrático es ese tiempo después entre cada uno de los pasos. Y es una de las claves porque es la herramienta con la que los distintos gobiernos, de todo signo, han ido controlando la aplicación de la Ley de Dependencia.

Es tan simple como dilatar los plazos, y tardar meses, e incluso años, en resolver los expedientes. ¿Qué se consigue con eso? Reducir las listas de espera. Si partimos de la base de que quienes piden ayuda son o muy mayores o muy enfermos, no hay que ser médico para intuir que no van a durar demasiado, ¿no?

Se reducen las listas de espera pero no se incrementan las de beneficiarios. Se proclama a voz en grito que “el Gobierno andaluz no ha recortado en Dependencia” (Susana Díaz, presidenta de la Junta, me inspiró para escribir esto, pero podría haber sido cualquier otro) pero se obvia que durante año y medio no se admitió ninguna nueva solicitud (no es que se rechazasen, es que ni siquiera se tramitaban). Eso sí, durante ese año y medio se presumió de que todos los beneficiarios recibían las mismas ayudas que antes de los recortes, ni un euro menos. Sin admitir a nadie más y sin cubrir a los beneficiarios que iban falleciendo. Brillante gestión.

Lo peor es que esta situación no es nueva. En 2008, cuando ni siquiera había oficialmente crisis, mi madre pidió la ayuda para mi abuelo. Tiempo después de presentar la solicitud, vinieron a evaluarlo. Pasó bastante tiempo después hasta que mi abuela recibió la carta en la que decían que consideraban que mi abuelo era un gran dependiente (creo que era ésa la denominación) y que sí tenía derecho a la ayuda. Más adelante se pondría alguien en contacto con ellos para hacerla efectiva. Lo gracioso es que la carta del “gran dependiente” llegó una semana después de haberlo enterrado.

Lo más gracioso es que con mi suegra, unos años después, pasó exactamente lo mismo, aunque un poco peor. A mi cuñada la llamaron para decirle que sí tenía derecho a una ayuda durante el funeral de su madre.

Estos días (y semanas, y meses, porque el añito electoral que tenemos encima va a ser muy cansino) escucharéis con frecuencia a gobernantes defendiendo su “magnífica gestión” y a aspirantes a gobernar proclamando justo lo contrario. Como siempre, vamos. Junto a los tradicionales “no hemos tocado la sanidad, la educación o los servicios sociales”, se añade de un tiempo a esta parte la coletilla “ni la dependencia”. Y eso, como en los puntos anteriores, es mentira. También han recortado en dependencia, y de la forma más cruel posible.