Fraude telefónico desde el 665108214

Ayer, sobre las cuatro de la tarde, me llamó desde el número 665108214 un individuo que dijo ser de Orange Móvil. Como la llamada me mosqueó un poco, esta mañana he llamado a Orange para comprobar si, efectivamente, me habían llamado ellos. Y no, no habían sido ellos. Como, pese a que los de Orange lo han reportado, es posible que ese número intente timar a otro, dejo aquí cómo fue la conversación con el tipo, con los comentarios reales del operador de Orange que me ha atendido.

En primer lugar, Orange no llama desde números personales, sino desde sus números oficiales (1414, 470, etcétera). El tipo me dijo que Orange va a eliminar sus tarjetas prepago y pasar a contrato obligatoriamente a todos sus clientes. (Falso. Orange no va a suprimir sus tarjetas prepago, al menos de momento.) Como soy una cliente antigua, me iba a ofrecer la oportunidad única de pasarme a una tarifa exclusiva en la que pagaría mucho menos que ahora, cuatro euros más IVA (Orange publicita sus tarifas con el IVA ya incluido; además, si fuese de Orange, sabría cuánto gasto en móvil al mes, y no me diría que voy a pagar “mucho menos que ahora”).

La cosa continuó: “¿Con quién tienes el fijo y el ADSL?”. Ahí ya sí que empecé a sospechar. “Con vosotros”, respondí con retintín. “Ah, lo tendrás a nombre de tu marido”. Un operador de Orange habría intentado venderme un Canguro o algo similar, cualquier producto global. Pero no lo hizo.

Pasó entonces a confirmar mis datos: mi nombre completo (que tenía correcto), mi DNI (que también tenía correcto), mi dirección (que tenía mal y no corregí) y mi población (que también tenía mal y tampoco corregí). En realidad no sé si tenía mal estos últimos datos o sólo tenía prisa por llegar a lo que realmente le importaba: mi número de cuenta. “Es el único dato que nos falta, así que si me lo das ahora te hago el contrato ya”.

A estas alturas ya estaba completamente mosqueada. “Es que no he decidido si quiero hacer este cambio”. “¿Qué es lo que tienes que decidir?” fue su poco cortés respuesta. Le dije que estaba trabajando y que no tenía el número de cuenta a mano (sí, estaba trabajando, pero no tenía la menor intención de darle ni un dato más). Se ofreció a llamarme a última hora de la tarde, “cuando estés tranquila en casa”. “No llego a casa hasta la una de la mañana. ¿Me vas a llamar entonces?”. Se ofreció a llamarme otro día y le dije que lo miraría en la web y que ya decidiría con calma. Lo que me ofreció es una tarifa normal, al alcance de cualquier persona, así que no veo la exclusividad.

Esta mañana he llamado a Orange. El operador que me ha atendido me ha confirmado que es un intento de fraude para obtener mis datos bancarios (la pregunta es cómo tiene todos los demás, hasta mi antigüedad en la compañía, que también me dijo). Como he dicho más arriba, Orange no tiene planes de eliminar sus tarjetas prepago, no llaman desde números personales y no piden datos bancarios así como así. “No le habrás dado tu número de cuenta, ¿verdad?”, me ha preguntado alarmado. No, claro que no.

El muchacho que me ha atendido ha anotado el número 665108214 para reportarlo, me ha recomendado que nunca dé datos personales por teléfono sin tener claro a quién se los doy y que difunda este intento de fraude. Y eso hago, por si le puede ser útil a alguien.

Dudo que el individuo vuelva a llamarme, aunque casi prefiero que lo haga…

“Only lies have detail”

Many happy returns

“Only lies have detail”

Sherlock Holmes (Benedict Cumberbatch) / Sherlock, season 3, Many happy returns

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Sólo las mentiras tienen detalles. Cuando vi el miniepisodio que precedía a la tercera temporada de Sherlock no pude evitar fijarme en esa frase y acordarme enseguida de alguien muy cercano que me demuestra, casi a diario, lo cierta que es.

Describir a alguien como un mentiroso patológico puede sonar exagerado, pero en este caso me quedo corta. El individuo del que hablo miente a todo el mundo, sobre cualquier cosa y desde siempre. Y no sólo cuando es necesario (hay mentiras necesarias, por una u otra razón, mentiras con un propósito, o con las que se pretende conseguir algo), sino por sistema. Le he visto hacerlo con mucha gente (conocidos, desconocidos, amigos, familiares…), y no tengo la menor duda de que conmigo lo hace cada dos por tres.

Lo más fascinante es su capacidad de inventiva. Pergeña trolas elaboradísimas sobre la marcha, con un detalle a veces escalofriante. En El signo de los cuatro, de sir Arthur Conan Doyle, el narrador John Watson dice de Sherlock Holmes algo así como que es una suerte que una mente tan privilegiada como la de su compañero trabaje en favor de la Justicia y no en su contra. Creo que en este caso se podría decir lo mismo, aunque, a diferencia de Watson, ni siquiera tengo la certeza de en qué equipo juega este mentiroso compulsivo.

Sí sé, como dice Sherlock en la cita de arriba, que cuantos más detalles añade a una historia más probable es que sea falsa. Me pregunto en cuántas cosas me habrá mentido.

Tan eficaz es en ocasiones en sus fabulaciones que termina por creer como ciertas muchas de ellas, lo que le ha acarreado (a él y a quienes le rodean) más de un problema. Y para completar el cuadro, también hay sitio en su enfermiza mente para imaginar conversaciones con quienes conoce. Con tanta firmeza y, una vez más, detalle, que no es raro que crea haber mantenido en efecto dichas conversaciones. A veces cuesta convencerle de lo contrario…

Experiencias en la peluquería

Ya he contado en alguna ocasión mis problemas con los peluqueros (unas cuantas, de hecho; se ve que tengo un problema, o ellos conmigo, no lo sé). La historia de los errores de comunicación entre servidora y los miembros de dicho gremio es un poco larga, tanto que en un momento dado opté por buscar una foto de lo que quería que me hicieran para enseñársela directamente.

Pero eso no siempre funciona. Como en este caso.

Llevo unas semanas pensando en cortarme el pelo, pero sin tener demasiado claro qué corte quería. Anoche, viendo Gravity, lo tuve claro: quería el corte de Sandra Bullock.

sandra_bullock_gravity

Busqué una foto en la que se viese el corte, la guardé en el móvil y me fui a la peluquería con ella. Se la enseñé al chico que me atendió tras una hora de espera, le di unos segundos para que la procesase y confirmé que lo había entendido.

Y después cogió las tijeras e hizo lo que le dio la gana. No me ha quedado mal, pero esto no es lo que yo quería (casi nunca lo es, de hecho). Por suerte, el pelo siempre crece. El mío, además, a gran velocidad.

Tras salir de la peluquería, mi marido miró aprobador mi nuevo aspecto, y me preguntó si le había enseñado la foto al peluquero. “Sí”, contesté. “Pues no se parece en nada”. Ya.